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Visita; (Gabrielle)
Topic Started: Mar 21 2011, 04:47 PM (145 Views)
Darren Brackminster
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7° Curso. Golpeador/Capitán
Gryffindor
El incidente en DCAO y todo las consecuencias a posterior habían entretenido a Darren hasta el punto donde no sabía donde estaba. Ese día su dosis de drogas en sangre sobrepasaba lo común en él, tras lo sucedido en el patio había decidido fumar un par de canutos más con el único fin de tapar con un dedo la herida que Jev dejó en él y es que ver el cuerpo de Mikki en brazos de Levine era como rememorar aquel día pero con protagonistas diferentes. Era duro, era duro recordar y él nunca miraba atrás pero ahora estaba Marie quien necesitaba de él a pesar que aún no hubiera reaccionado a los sucesos, estaba en su cajita de cristal y cuando se rompiera, necesitaría su compañía.

Pero esa tarde las cosas iba a ser diferentes, iba a ver a Gabrielle a su propia sala común tras haber estado golpeando bludgers cerca del bosque prohibido. Después de todo el incidente había decidido no ir a la enfermería, demasiado gente, demasiado heridos y sería inservible en aquella situación pues él no tenía la más minima idea sobre medicina. Estuvo tentado en enviar una lechuza a su madre para que ofreciera ayuda en el colegio con sus conocimientos de medicina, Glum o Finnerty podría necesitar a una medímaga con experiencia pero Darren estaba convencido que Vee ni haría caso a sus peticiones o si lo sabía, ella sería capaz de desplazarse por voluntad propia.

Pensaba que Gabrielle estaría en la sala común estirada delante del fuego sin embargo, allí no había nadie, el castillo parecía un tanto desolado impactados aún con la noticia del ataque. Muchos habían sido quienes preguntaron al joven sobre lo sucedido, Darren solo contestaba de mal humor, no tenía ánimos para estar alimentando la curiosidad de jóvenes impetuosos, él solo hacia lo que debía, vigilar a la prefecta para cerciorarse que aún no caía y ahora, ir a ver a una de sus mejores amigas, una hermana como Amanda.

Tuvo tiempo de ir a ducharse y con lo cual, se espabiló un poco más tras la droga. Vestía los pantalones del uniforme, la camisa junto a sus inseparables botas de militar mientras el pelo chorreaba agua por todos los lados. Bajó nuevamente para encontrarse la sala sobresaturada de personas, todos estaban rodeando una de las butacas cercanas al fuego. Una intuición dictó en el interior del joven que allí solo podía estar la persona que buscaba y que estaba acosada por el resto, no había más remedio que acudir al malhumor para reinvertir esa situación, lentamente, subió a una mesa y con esa voz grave, fuerte, pegó un grito que influyo respeto al que no.

- ¡LARGO!

Algunos hablando, otros cuchicheando poco a poco fueron abandonando el lugar mientras él se acercaba hasta Gabrielle para besarle la cabeza justo cuando llegó a su altura. Entregó a la chiquilla una cajetilla de ranas de chocolate a la par que se acuclillaba ante ella apartando un mechón de su cara, viendo en su plenitud sus grandes ojos marrones.

- ¿Qué tal estás? ¿No podías esperarte para quemarte en la playa?

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Gabrielle Bloom
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6° curso.
Gryffindor
Tenía que admitir que extrañaba el barullo de los pasillos, del comedor, incluso el de la sala común y comenzaba a hartarse del silencio de la enfermería, a excepción de unos cuantos sollozos que se escuchaban aún por la muerte de Mikki Ayres. La verdad, podría odiarlos, porque solo le recordaban el momento en que había visto por primera vez en su vida el verde que iluminaba los árboles junto a aquél terreno.

Extrañaba la sala común y estar rodeada de gente. Las únicas personas que la visitaban eran su padre y su hermano. Extrañaba a su madre, la verdad. Extrañaba también las galletas de chispas de chocolate que solían hacer por las tardes, pero ahora estaba en una misión en Alemania y no podía distraerla.

Resopló al momento en que la enfermera le dijo que podía irse a la sala común. Ya no podría zafarse de las clases, ahora tendría que ir. La enfermera le dio un remedio que debía tomarse cada doce horas para aliviar el escozor que aún llegaba a sentir en ciertos momentos.

Lo cierto es que ya no aguantaba más tiempo tumbada en la cama, quería sentir el calor del hogar de la Sala común, escuchar a los chiquillos de quinto gritar histéricos que se acercaban los TIMOS o la curiosidad innata de los más pequeños al ver que los retratos se movían.

Dijo la contraseña de la entrada de la torre y en ese momento una horda de niños y niñas la habían alcanzado, haciéndole infinidad de preguntas acerca de lo vivido en el terreno hacía un par de días. También se habían enterado de que la pobre Jasmine había tenido un altercado con una Slytherin en la planta baja, de lo cual Gabrielle no sabía nada y terminó enterándose de la mitad por todos los gritos que los demás Gryffindors exclamaban.

Se sentón, con trabajos, en el sillón frente a la chimenea y escuchó, debajo de todo el barullo, el repiquetear de la leña quemándose. Todo le parecía lejano. Había tenido ganas de hablar, de gritar, incluso de llorar, pero ahora solo se encontraba ella concentrada en las chispas saltar fuera del hogar.

Fu cuando escuchó la voz de Darren gritar que todos se fueran de ahí que despertó de sus cavilaciones. Cavilaciones que en realidad no eran nada más que pensamientos difusos imágenes borrosas de lo acontecido previamente.

Pensaba que ver a Darren le agradaría, sin embargo, le pesó porque recordó el momento en que lo vio besarse con Marie y lo que le había dolido. Miró la caja de ranas de chocolate que le entregaba y sintió como le ardía el beso que le daba en la frente. Se reacomodó en el asiento, subiendo las piernas y quedando medio recostada, observándolo sin parpadear.

-No tienes por qué ser pesado con los niños, solo tienen curiosidad. Aunque la verdad me alivia que se hayan ido.

Fu lo único que atinó a decir mientras observaba y daba vueltas a las ranas de chocolate que le había entregado. Miró la profundidad de sus ojos oscuros y carraspeó, aclarándose la garganta.

-Gracias por los chocolates, no tenías que molestarte.
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Darren Brackminster
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7° Curso. Golpeador/Capitán
Gryffindor
No todos podían tener las mismas ganas de sobrellevar problemas ante los otros. El peso de la noche anterior pesaba sobre Gabrielle, el muchacho podía notarlo así que suspiró dejándose caer en el suelo que había ante ella mientras aguantaba la mirada a la chica que parecía no estar demasiado feliz con su visita o tal vez, no entusiasmada, aunque dado la situación que estaban pasando, ¿Quién podría ser el alma de una fiesta? Tal vez Brackminster pues intentaba no pensar en las cosas y tomarse la vida con humor.

- ¿Por qué no? Te gustan los chocolates.

A todas las mujeres les gustaba el chocolate, a unas más que a otras como si una porción de cacao fuera a proporcionarles la felicidad de su vida y a Gabrielle especialmente aquel dulce la volvía loca. Él solo pretendía contentar y animar a Gabrielle aunque se le fuera la vida en ello, creía que le debía algo y no porque intuyera que ella había presenciado el beso entre él y Marie o porque fuera tan astuto en comprobar que su actitud diaria no solo era fruto de una buena amistad, Darren no había podido partirse en dos durante el ataque, no había podido proteger a la gryffindor y sentía como si en ese momento cuando más lo había necesitado, él la había fallado. Era terrible sentirse culpable por su situación, verla allí, sentada de esa manera por culpa de sus heridas, el moreno había querido ayudarla tanto como a su hermano, había sido uno de los primeros en buscarla cuando Levine estaba intentando evacuarlos pero luego se ofusco en la protección de la prefecta, ordenó sus preferencias y sin querer, Gohile había ganado.

Tal vez si la hija del profesor Bloom hubiera estado a su lado, Darren hubiera protegido su integridad tan como la de Gohile pues a fin de cuentas el hijo de August las quería de un modo diferente pero las quería. Miró otra vez a Gabrielle tras que un silencio algo incomodo se produjera ante ambos.

- No me has dicho como te encuentras.

Quería disculparse creía que estaba en lo correcto pero él no sabía expresar sus sentimientos de un modo adecuado. Esa una sensación bizarra. Las palabras morían en su boca, él intentaba rodear el tema hasta hallar la forma clara de expresarlo no obstante esa manera no eracomprendida por los demás pues llegado a ese punto, el capitán de Gryffindor comenzaba a hablar rápido y casi de manera incoherente. Alargó la mano para arrebatar la caja de ranas de manos de la chica, tomando una de ellas que saltó un momento en su mano antes de ser engullida por el joven que después volvió a poner la caja en manos de su ahora dueña.

- Ya que no me invitas, adelanto hechos - intentó una sonrisa pero solo salió una mueca extraña - Gabrielle, yo debí protegerte. Podría poner mil y una excusa del porque estaba lejos de ti pero ninguna compensa. En un principio no te ví y cuando lo hice, un mortifago nos estaba atacando, quería ayudarte pero no podía, no me podía dividir en cien.
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Gabrielle Bloom
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6° curso.
Gryffindor
No dijo nada cuando el muchacho dijo que sabía que le gustaban los chocolates. ¿Por qué solo decía eso? ¿No sabía además que le fascinaban las orquídeas blancas? No, seguramente no, y aunque lo supiera, no tenía por qué llevarle las orquídeas. Ella no era Marie.

Sabía de antemano que a ella solamente la consideraba como una hermana, solo como una hermana y una de sus mejores amigas. Solo eso. ¿Y si ella quería algo más? Sabía que no iba a poder ser, porque ella no se parecía en lo absoluto a la delicada Marie.

-Me encuentro bien. Las quemaduras aún me arden, pero supongo que pasará y dejarán una terrible cicatriz.

Le llenó de pesar que el muchacho se sintiera tan mal sobre no haberla protegido. Él sabía, si la conocía tan bien, que no tenía que protegerla. Estaba claro que ella podía protegerse sola. O al menos, eso era lo que quería dar a entender, a pesar de que gracias a su hermano, ella estaba bien y solo había tenido unas cuantas quemaduras y no había tenido que pasar más que un par de días en al enfermería.

Pero ella sabía que podía cuidarse sola. Su padre se lo había dicho. Le había dicho que estaba orgulloso de ella por haber peleado sola contra un mortífago. Claro, alguien se lo había dicho, pero no importaba, porque la persona que más le importaba su opinión, estaba orgulloso de ella y sabía que podía cuidarse sola, a pesar de haber salido más lastimada que muchos. Pero al menos estaba viva. Estar ahí en el sillón de la sala común era una prueba de ello.

A pesar de todo, a pesar de que pareciera autosuficiente, a pesar de aparentar ser fuerte, en ese momento, con Darren frente a ella, tumbado en el suelo, se sentía vulnerable. Quería decirle que hubiera preferido que la besara a ella en vez de a Marie, que la cuidara en vez de a Marie, pero no podía hacerlo. No podía ponerle el mundo de cabeza a Darren en cuestión de segundos.

-Cuidabas de Marie. Supongo que eso es suficiente para que no me cuidaras a mi, a pesar de que sabes que puedo cuidarme sola, Brackminster.-comenzó a decir, casi en un susurro, como si temiera que alguien la escuchara o que los niños volvieran a rodearlos nuevamente al escuchar la palabra mortífago.-Mi padre me ha dicho que a veces no es fácil pelear y cuidar a la gente. Por eso mi padre se preocupa cuando haya una emboscada. Teme que tenga que pelear y por querer defenderme, algo peor pueda pasar.

Se encogió de hombros y tomó una rana de chocolate que dio un pequeño saltito antes de caer en su nívea mano. La examinó unos segundos antes de darle el primer mordico, uno pequeñito.

-Solo doy gracias a Morgana porque no fuiste tu el que recibió el rayo fulminante.

¿Podría haber sido una confesión? Quizá, una pequeña, como el mordisco que le había dado a su rana de chocolate.
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Darren Brackminster
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7° Curso. Golpeador/Capitán
Gryffindor
Sabía que Gabrielle era autosuficiente, no necesitaba de nadie para ser cuidada pero él tenía la imperiosa necesidad de hacerlo. Era su deber como amigo y como amigo de su hermano. Ella era frágil desde su punto de vista, una muñeca tan delicada como Amanda o Marie, alguien capaz de romperse con el viento, alguien a quien Darren iba a proteger hasta que la vida se le fuera en ello a pesar que sabía que Bloom era capaz de conjurar un mismísimo avada kedavra y que para nada era una princesa en apuros. Pese a todo, él iba a cuidarla sin importarle su reticencia, cabezonería o orgullo e iba a sentirse culpable cuando no fuera capaz de vigilar sus espaldas como un buen guardián. Iba a ser siempre su Glum, la chiquilla loca que lo secuestraba para llevarlo a asaltar el baño de prefectos o quien podía mantener perfectamente una casa de apuestas, alguien como él pero un par de años más pequeña.

Y sí había cuidado a Marie anteponiendo su vida, había estado tan obcecado en ese momento por el miedo de perderla que solo pensó en conjurar hechizos. Eso no significaba que quisiera menos a Gabrielle o se hubiera olvidado de ella ante el peligro, Gabrielle había estado en su punto de mira. La primera persona que buscó entre el tumulto fue a ella así que la única diferente entre Bloom y la prefecta es que Marie comprendía su esencia, era la única que conocía como era en realidad él sin reproches y por quien el capitán estaba comenzando a mostrar otro tipo de sentimientos. No podía hacer nada, era inevitable.

Tal vez por ello, la última frase de Gabrielle cayó sobre él como un balde de agua fría como si quisiera hacerlo sentir más culpable por su inutilidad o como si quisiera decirle algo que se escapaba de sus manos. El rayo fulminante: Avada Kedavra. Darren no hubiera superado la muerte de alguna de sus más allegados, él era el alma de la fiesta, la persona por quien nadie debía preocuparse y de hecho, a él le importaba una mierda su integridad pero la de sus protegidos, eso era otra cosa.

- Te quedarías sin socio con el que llevar la casa de apuestas y aunque te cueste reconocerlo, sabes que no puedes hacerlo sin mi.

Un par de alumnos pasaron en ese momento por su lado cuchicheando sobre algo antes de reír y salir corriendo. Darren solo los fulminó con la mirada sin ningún tipo de consideración hasta que se perdieron en las escaleras que conducían a los dormitorios, en ese momento, se levantó para ir hacia una mesita, llenar un vaso de agua y volver junto a la chica para ofrecérselo. Por su parte tomó asiento sobre uno de los brazos de la butaca, espatarrado.

Quedó hipnotizado con el vaivén de las llamas como siempre solía hacer cuando su mente se perdía en los recuerdos, unos recuerdos agridulces, bañados por la nostalgia y la incertidumbre. Carpe Diem ahora cobraba más fuerza, ahora, solo hacia falta saborear los momentos diarios antes de morir. Avisaría a Sirius sobre todo lo acontecido, él estaba decidido a acabar con todos los partidarios del señor oscuro y sabría que hacer o cual sería el paso siguiente. Tal vez previniendo podría evitar que Gabrielle o Marie volvieran a pasar por lo mismo.

Sin pensar sus siguientes acciones, levantó las piernas de Glum con cuidado para dejar deslizar su cuerpo hasta el sillón colocándolas sobre su falda mientras ambos se sentaban en aquel sillón que iba alargándose según los ocupantes.

- ¿Necesitas algo?
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Gabrielle Bloom
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6° curso.
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No podía creerlo, después de haber confesado aquello, ¿el muchacho solo creía que era por la casa de apuestas? Tenía que ser tonto, de verdad. Una muchacha confesándole que le gustaba y que se sentiría muy mal si él estuviera muerto y ¿solo saca lo de la casa de apuestas? ¡Por todos los dioses! Era imposible.

Se llevó una mano a la cara, como si muriera de vergüenza, pero en realidad era que no entendía a Brackminster. ¿Qué más tenía que decirle? Un beso, esa confesión. De verdad que los hombres a veces eran más que tontos.

-La casa de apuestas, claro, como pude ser tan tonta.

Claro que esa respuesta estaba llena de sarcasmo. Aunque a decir verdad, quizá Brackminster no lo captara, porque claro, ¿podía ser más idiota? Claro que no, pero quizá podría sorprenderse.

Lo vio caminar y escuchó los cuchicheos de los muchachitos que subían a los dormitorios y terminó con la mirada en Darren de nuevo, viéndolo servir un vaso de agua que posteriormente le ofreció. Gabrielle lo tomó, casi vaciándolo hasta la mitad de un solo trago y luego se quedó observando también la chimenea, pensando qué más podría decirle para que se diera cuenta de una buena vez por todas lo que estaba atormentando a la castaña.

Se sobresaltó en cuanto el muchacho levantó sus piernas e instintivamente se puso una mano debajo de la falda, juntándola a sus muslos, previniendo que, de nuevo, viera de más.

Lo observó y no le dijo absolutamente nada, simplemente escuchó su petición de si necesitaba algo. Claro que necesitaba algo, ¿qué tal un beso? ¿Un abrazo? Pero ¿cómo se lo iba a pedir ahora? Ella quizá no era nadie y él probablemente no quisiera besarla, como ese día en el baño de prefectos. ¿Por qué no le devolvió su beso? ¿Y si se lo preguntaba?

No, no podía. Gabrielle estaba hecha un lío en su mente, ella sola lo había ocasionado y supuso que ella sola sañdría de esta. ¿qué más podía decirle? ”Oh si Darren, me encantas, deja a Marie de lado y fuguémonos y casémonos!” ¡Claro que no! Ella no era así. Incluso con Sirius, su amor platónico, nunca le había dicho que le gustaba y estaba casi segura de que el ex Gryffindor la hubiera besado para calmar sus ansias. Pero no lo hizo, porque sabía que le crearía un conflicto.. a ella, a él no que todo le importa poco.

Se mordió el labio, ¿y si le decía? No, no podía.

-Darren… ¿Por qué en el baño no me devolviste el beso?-Y en ese momento se mordió la lengua, doliéndole bastante, cubriéndose los ojos.-No, no… olvídalo..
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Darren Brackminster
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7° Curso. Golpeador/Capitán
Gryffindor
Tras unos minutos de silencio sepulcral se produjo otra pregunta por parte de la morena, totalmente fuera de contexto, respecto aquel endemoniado beso en el baño de los prefectos. Darren volteó lentamente la cabeza pensando en un primer momento que aquello era una de las otras tantas bromas de Gabrielle respecto la vida, incluso tenía un comentario ácido sobre ello con bastante gracia sin embargo su cara de seriedad hizo que Darren se tragara sus propias palabras para fruncir lentamente el ceño.

Era un poco imbécil, sin duda, así que tardo varios minutos en que su cabeza hilara todas las cosas para mostrarle la reveleradora verdad: cabía la posibilidad que le gustará más que como amigo a Gabrielle y eso era un problema. Hasta ahora sus ojos siempre habían visto a Bloom como una chiquilla ingenua, un poco desquiciada y también atractiva pero nunca tuvo la necesidad de cuestionarse el porque no iba un paso más allá, primero estaba la lealtad a Jonathan y luego el respeto a la joven. Un beso entre ambos solo quedaba como algo fraternal, cariñoso, inocente para nada complicado. Pero para Gabrielle aquella muestra de afecto - si, una que no correspondió- significaba muchísimo más y ahora poco a poco se iba dando cuenta. ¿Pero qué pasaba ahí? ¿Pretendían desquiciarlo hasta que verdaderamente acabara en una planta de psiquiatría? Poco le faltaba desde luego.

- Gabrielle…

Diariamente solía llamarla Glum haciendo alusión a una combinación entre nombres, un mote infantil y estúpido pero aquel día empleó su nombre completo, como si quisiera que sus palabras se tintaran de veracidad.
El maldito beso en el baño de prefectos le conllevo varias cosas entre ellas una discusión con Marie cuando ni corto ni perezoso le contó con todo lujo de detalles lo acontecido junto a la chica Bloom y también con Drima, y ahora, tocaba un problema aún mayor con Gabrielle. Quedó mirando fijamente a la chica, sin saber qué decir o que hacer, no era bueno para eso, él nunca tenía problemas de ese tipo o si los tenía las chicas no le importaban lo más mínimo pero se trataba de los sentimientos de Glum. Alargó ambas manos para tomar la cintura de Gabrielle con el máximo cuidado para no resentirla de sus heridas y obligó a que se colocara encima de él para acunarla entre sus brazos.

- No tuve tiempo a reaccionar, te recuerdo que fue a traición. En un segundo estaba sintiendo tus labios y al siguiente estaba tragando agua.

Miró sus ojos oscuros y sonrío tan jocosamente como siempre hacia para quitarle hierro al asunto. No obstante inclinó la cabeza para besarle la frente dejando por unos segundos sus labios en su frente, sujetando con la diestra la cabeza de la chica, abrió los ojos aún manteniendo ese contacto y suspiró de un modo muy sutil pues sabía que Marie iba a matarlo en cuanto supiera lo siguiente que iba a decir pero ella debía comprender la situación, debía comprender la importancia de mantener su amistad con Gabrielle a pesar que tendrían otra discusión pero que la anterior.

- ¿Eso era lo que te preocupaba? - quitó sus labios para subir el rostro de la muchacha con su mano - ¿Quieres que te bese? ¿Te vas a sentir mejor?
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Gabrielle Bloom
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6° curso.
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Cerró los ojos fuertemente y se llevó ambas manos al rostro, llena de vergüenza, para tapar sus mejillas sonrojadas. ¡Dioses! ¿Por qué tuvo que hacer esa elaborada pregunta que parecía tan simple en cuanto la había pensado? Se había metido en un lío terrible, y a Darren también lo había inmiscuido en ese lío. ¡Por Morgana! ¿Qué había hecho?

Se dio cuenta de que aquello le había caído como un balde de agua helada al Gryffidnor porque le había llamado por su nombre. ¡Por su nombre, maldita sea! Aquello no había sido una buena idea, al contrario, deberían de coserle la boca la mayor parte del tiempo.

Negó con la cabeza y volvió a ponerse colorada. Ahora ella tendría que olvidarse del tema y dejarlo por la paz, pero claro, ¿cómo iba a ser posible si él había tomado el hilo de la conversación y no lo había olvidado cuando lo pidió.

Darren le había contestado. Pudo haber dejado ahí todo, pero no. Claro que no podía dejarlo ahí. Era como ella e iba a querer llegar al final del asunto. Fue en ese momento en que la sostuvo de la cintura para ponerla sobre él, en su regazo, como si fuera una niña pequeña que necesita de protección. ¿Y qué si lo era a pesar de no aparentarlo? En ese momento claro que quería que la abrazara, que la besara, todo lo que se hace con una persona que te gusta, pero por alguna razón, no terminaba de sentirse cómoda en las piernas del muchacho, no porque no le gustara, al contrario, le encantaba, pero ¿y si llegaba Marie?

Y no se quedó ahí, por supuesto que no. Tuvo que darle un beso en la frente como lo hacía siempre. Hacía hasta lo imposible para contener aquellas lágrimas que amenazaban con salir. No lo dejaría verla llorar, no podía ser vulnerable ante él. A pesar de todo, tenía que mantener la frente en alto.

Y por si fuera poco, ¿cómo no? Le pregunta que si quiere que la bese. ¡Claro que quiere que la bese, pero no se lo va a pedir! ¡Por toda la magia! ¿es que los hombres no pueden ser más tontos? ¿Por qué preguntarle y no hacerlo de la nada? Hizo un mohín y se deshizo de su abrazo, poniéndose de pie, frente a él, mirándole a los ojos, sin saber exactamente que decir ante ese comentario. Lo señaló con el dedo, como solía hacer, pero de sus labios no salió palabra alguna.

Le miró con los ojos desorbitados, como si fueran a salírsele de las cuencas y quedar desperdigados por ahí.

-¿Es una broma, cierto? ¡Ahhg! ¡NO QUIERO QUE ME BESES, DARREN, NO VA A HACERME SENTIR MEJOR!-Dijo, sosteniéndose la cabeza, sintiendo nuevamente el escozor de su espalda, enmarañándose el castaño y ondulado cabello con las manos, aparentando ser un completo lío en su interior. Se calmó por un momento después de dar vueltas frente a la chimenea y verse completamente frustrada.-No quiero que me beses… si te gusta otra persona… no quiero que lo hagas, porque es a Marie a quien deberías besar…-se puso de espaldas, jugando con el borde de la chimenea, hablando casi en un susurro.-..como en el terreno.
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Darren Brackminster
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7° Curso. Golpeador/Capitán
Gryffindor
No hizo nada cuando ella se levantó de su regazo para ir a gritonean ante él, Darren, aturdido con todos los sucesos de los últimos días, solo se quedó sentado en el sillón presionando con dos de sus dedos el puente de su nariz con un repentino dolor de cabeza. ¿Pero como evitar todo eso cuando Bloom parecía una autentica loca? Estaba delante de él gesticulando con los ojos prácticamente fuera de órbita y revolviéndose el pelo como si con aquello fuera a sacar más cosas en claro. En ese punto, el capitán se perdía, no sabía donde estaba en ese punto de la conversación ni lo que quería Gabrielle de él, ¿un beso?¿un abrazo?¿qué se olvidara de Marie? Por que eso era imposible, Marie estaba ahí siempre, en todos los momentos importantes de su vida y precisamente había escogido iniciar una especie de relación con ella porque además de quererla no tenía prejuicios para confesarle abiertamente todo lo que pasaba por su cabeza, en cambio Bloom si tenía, no confiaba en él, siempre se guardaba las cosas(y sin contar que acababa de enterarse de todo el notición).

Exasperado bufó por lo bajo cuando escuchó a la muchacha iniciar todo un cúmulo de suposiciones acertadas y con tintes de celosía. Apretó con más fuerza el puente de la nariz, anonadado con el transcurso de los últimos minutos, el desenlace de una amistad que para Darren solo estaba teñida de fraternidad. Decidido, levantó su cuerpo de donde permanecía sentado para acercarse hasta Gabrielle con cuidado de no rozar la zona afectada de su espalda, aún así, colocó ambas manos a modo de prisión entre la chica, su cuerpo y la chimenea para hablar de un modo más intimo sin dejar que nadie se metiera en su conversación, sobretodo la gente con ganas de chismorrear.

- No te voy a engañar Gabrielle porque sabes que yo no soy así, no contigo. Marie es especial para mi, mucho, no es la típica amiga y hay algo más.

Tomó con cuidado el mentón de la chica, volteó su cabeza, estuvo un momento mirando los ojos, sopesando el peso de sus acciones y le dio un beso, ese que ella había estado buscando desde que el entró en la habitación, nada ávido, ni apasionado solo cariñoso, casi fraternal pues lo único que buscaba el moreno era la paz de la chiquilla. No obstante, y ateniéndose a que Gabrielle le daría una cachetada, quitó sus manos para apresar las muñecas de la chica a fin que lo dejara hablar.

- No puedo hacer nada por lo que siento hacia ella, me supera, no puedo decidir a quien si y a quien no, solo esta ahí pero no te quiero perder como amiga, no quiero que dejes de ser para mi esa chiquilla atolondrada que me viene a buscar para colarse en el baño de prefectos pero quiero ser justo y engañarte no sería la opción correcta.

Aún no soltaba las manos de Gabrielle, tenía los ojos fijamente en los oscuros de ella como si transmitirle que él no quería hacerle eso y menos en ese momento pero como todo en la vida era decisiones, y él había tomado la suya desde hacia mucho tiempo, tal vez en primero cuando conoció a Marie, solo era cuestión de tiempo que todo eso saliera a la luz. Tras unos segundos, comenzó a aflojar su agarre esperando cualquier tipo de reacción por su parte.
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Gabrielle Bloom
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6° curso.
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No podía creer todo lo que había dicho. Comenzaba a arrepentirse de ello en el momento de que la última palabra había salido de sus labios. Respiró hondo, aún mirando el borde de la chimenea.

Sintió a Darren a sus espaldas y comenzó a sentir un pequeño escalofrío y éste aumentó en el momento en que comenzó a hablar. La lágrima que había ocultado se había hecho presente en su mejilla al escuchar esas palabras que le dolieron hasta el alma, pero que sabía de antemano que tendrían que ser expuestas.

Ella obviamente sabía que había algo más, lo había visto y había escuchado esos chismorreos en los pasillos, ¿cómo no iba a saberlo? En Hogwarts los rumores corrían más rápido que las lechuzas, y eso era una verdad absoluta.

Se secó las lágrimas con violencia con el dorso de la mano y sintió que le giraba el rostro para estar frente a él y observar sus penetrantes ojos oscuros. Y fue en ese momento, que no se lo esperaba, que él la besó.

No… eso no era lo que quería. Se quedó en silencio cuando él terminó el beso y cerró los ojos, secándose el resto de las lágrimas que iluminaban sus mejillas con la luz de la sala común.

Respiró hondo y escuchó atentamente al moreno mientras se sentía apresada. ¿qué más podía decirle? Lo había puesto en una pésima situación y todo por no haberse guardado las cosas como siempre solía hacer.

-No te estoy pidiendo que la dejes, jamás lo haría.-dijo finalmente, casi en un susurro mientras sentía que Darren le soltaba las muñecas y negaba con la cabeza. Volvió a respirar hondo y esta vez resopló.-Yo solo quería decirte lo que siento. Te pido una disculpa si te he metido en un embrollo muy grande.

Fue en ese momento que se soltó las muñecas por completo y se movió, quedando fuera de los brazos de Darren. Claro que había pensado en abofetearlo, por supuesto que si. Solo que sentía que en ese momento, el moreno había tenido bastante. Comenzó a alejarse en reversa, dejando al moreno junto a la chimenea.

-No te pediré una disculpa si cuando estés con Marie me siento incómoda, pues así es como sé que me sentiré. Tampoco te pediré una disculpa si no puedo estar contigo como antes, por lo menos por un tiempo. Pero si te pediré una disculpa por no haberte dicho todo esto cuando aún era tiempo.

Le decía aún, caminando de espaldas, lentamente hacia los dormitorios. Aún no quería irse, pero no quería sentirse más incómoda de lo que ya se sentía ni quería hacer sentir peor a Darren de lo que ya se sentía.

¿Por qué todo era tan complicado?
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Darren Brackminster
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7° Curso. Golpeador/Capitán
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Eso era cruel, ver la lágrima caer por la mejilla de Gabrielle era como clavarle un cuchillo en el torso, no le gustaba hacer sufrir a las personas, mucho menos a la pequeña Bloom, él debía protegerla no causarle daño alguno aunque ese dolor fuera psicológico. Quedó con una mano apoyada en la repisa de la chimenea mientras observaba a la chica moverse lejos de él, soltando todo ese cúmulo de parafernalia en un inútil gesto de calmar su consciencia pero decirle como iba a pintar la situación a partir de ese momento, era peor. ¿Por qué debía perderla por haberse enamorado de Marie? Desearía tener un giratiempos en la mano para ir atrás en el tiempo y volver a como estaba todo antes, cuando todo era despreocupación. Era un gesto inmaduro pero él no quería madurar, ni lo necesitaba, Darren solo quería disfrutar los días que le quedaban de vida sin preocuparse por el mañana y desde hacia unos días, el mundo estaba al revés.

No dijo nada mientras ella continuaba hablando, solo recalcó su cuerpo en la repisa de la chimenea mientras soltaba un largo suspiro observando como el voluptuoso cuerpo de la morena se dirigía a las escaleras dando por terminado la charla. Intentó decir algo pero él no era bueno para ello, nunca había tenido que controlar no herir los sentimientos de una mujer, Marie ya conocía todas sus salidas y cuando le dijo, él correspondió a sus sentimientos. Pero con Glum… la culpa era de Jonathan por andar de loco con Tulia y no hacerle caso a su hermana, ahora, había ido a interesarse por él, lo que no era nada malo pero tampoco nada bueno, no sabía que pensar.

- Me debes más bien una disculpa por largarte así, sin tan siquiera darme la oportunidad de disculparme.

No alzó la voz, continuaba apoyado en la chimenea con los brazos cruzados y el rostro tenuemente iluminado por el resplandor del fuego. La madera crujió en medio del silencio que se produjo a continuación, Darren que había quitado la mirada de Gabrielle para mirar el suelo separo su espalda al fin para iniciar un lento caminar hacia la chica para volver a posar esta vez la mirada miel en la oscura de la Gryffindor.

- Lo siento- y hablaba de corazón cuando pedía disculpas ya que él no era muy dado a todo eso del perdón. Besó otra vez su frente antes de posar su mano en la mejilla de la muchachita y acariciarla con el pulgar. Le enojaba tener que separarse de ella por eso, sin embargo, si ella necesitaba tiempo para ordenar sus ideas o olvidarse de él no le quedaba de otra que darle el gusto si con ello, aliviaba un poco el daño producido - Ya me avisaras para lo de las apuestas - era su forma de decirle que ya le informaría de cuando acabaría su retiro espiritual, volvió a darle otro beso en la frente antes de comenzar a subir hacia su habitación para fumar un poco de hierba y olvidarse de los dolores de cabeza.
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