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Cuestión de aprendizaje
Topic Started: Mar 22 2011, 08:12 PM (100 Views)
Circe Cerise
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6º Curso.
Ravenclaw
[Autoconclusivo, o libre a quien quiera que sea amiguito mío y quiera experimentar un ratito con muggles =P]

- ... ¿Tú lo sabías? -

- Bueno, si, papá nos avisó un par de días antes. -

Circe frunció el ceño. Aquella tarde Cynthia, esposa de Logan Rothenford, mortifaga y la mayor de sus hermanas, había ido a visitarla a Hogwarts. Eran tan solo unos cuantos días tras la emboscada del fuerte y ella, como buena hermana mayor que era, debía cerciorarse que su pequeña Circe se encontraran bien. A fin de cuentas había leído en el Profeta que una jovencita había muerto, compañera de casa y curso de la menor de las Cerise. Pobrecilla, debía estar tan afectada... Tenía que asegurarse de su buen estado, y fue así que trás pasear un poco por los jardines de su Alma Mater, Cynthia Cerise llevó a su hermana a un claro apartado en el lago.

- Es decir, todos estaban al tanto menos yo. - Circe frunció el ceño, clavando la mirada en los ojos miel de su hermana, mismos que iban enmarcados por su lustrosa cabellera azabache. Cynthia era una mujer hermosa y de porte elegante, la matriarca induscitble después de, obviamente, su madre. Ella misma era madre de dos pequeños ya, apenas tres años el mayor de ellos, pero eso no impedía que fuera un miembro activo de las filas del Señor Oscuro.

Todos sus hermanos, desde Calliope al pequeño Fabian, le profesaban especial respeto. Tal vez fuera porque al ser la única de ellos que había pertenecido a la casa de Salazar Slytherin, entendían que la manera en que articulaba sus pensamientos era distinta. Que era de armas tomar, una líder nata, y todo lo que Circe aspiraba llegar a ser algún día. Porque quería alcanzar el mismo éxito en el campo de la historia del que Cynthia gozaba en las lenguas y runas antiguas. Quería una vida como la de ella, el respeto entre la comunidad mágica que ella tenía, una marca en su níveo brazo justo como ella la tenía, y algún día una familia como la que ella estaba formando. Era su ejemplo a seguir, su mayor ideal, y al mismo tiempo su mayor competencia. Porque todo lo que había logrado, Circe debía superarlo. Todo lo que ella tenía, Circe debía poseer más, o de lo contrario quedaría condenada perpetuamente a vivir a su sombra, a no ser nunca nada más que la "hermanita de Cynthia Cerise-Rothenford".

- Tampoco era necesario que lo supieras. La sorpresa debía de ser... convincente. - Explicó la morena con parsimonía y un dejo de condescendencia sin prestar demasiada atención a la indignación en la mirada de su hermana.

- No me gusta lo que estás insinuando ni tampoco que me trates como si fuera una cría, Cynthia. Te recuerdo que.. -

- Si, lo sé, lo sé. Me dijeron que actuaste bien. No esperaba menos de ti. - La mortifaga sonrio y Circe, altiva, se cruzó de brazos. Obviamente estaba complacida con su desempeño. Ella nunca los defraudaba, jamás. - Me imagino que ha de haber sido tan frustrante que la primera vez que compartes campo de batalla con los nuestros, hayas tenido que quedarte callada y jugar a ser víctima atemorizada... -

Circe la miró con intensidad. Por supuesto que había sido frustrante, y desde el momento en que se dio cuenta de todo lo que en realidad ocurría había tensado la mandíbula, repitiéndose una y otra vez a sí misma que ella no tenía nada que hacer fungiendo como señuelo, que su lugar estaba del otro lado de la batalla.

- ¿Aún estás convencida de que quieres ser una de nosotros, Circe? - Dejándose de provocaciones y de intentos por probar la paciencia de su hermana -que sabía no era tanta como hacía creer a todo el mundo- su voz, su inflexión y su mirada se tornaron más firmes, más serias. - Ahora que has visto que no todo es tan glamoroso y noble como creías cuando niña, que los riesgos son reales y el peligro es verdadero, qué has visto el aspecto de un cadáver... -

El escrutinio al que estaba sometida por los ojos de su hermana era uno al que Circe estaba bien acostumbrada. Y admitía que siendo aquella la primera vez que se vio envuelta en una situación similar había tenido gran impacto en la manera en que concebía las cosas. Hablando con Chenault aquella noche, misma en la que Circe se había mostrado furiosa por lo ocurrido entre Émmiliene y Ayres en la enfermería, Heard le había confesado que a pesar de tener su lealtad bien definida, estaba más convencida que nunca que ella no se tatuaría la serpiente en el brazo.

Circe la quería y la respetaba, y no la consideraba menos por su decisión. Era cierto que esa no era una vida a la que todos fueran capaces de adaptarse. Era riesgo perpetuo, era brutal y muchas veces hasta grotesco. Pero no había gloria sin sacrificio, ni ganancias sin dolor. Y todos aquellos quienes servían al Señor Oscuro estaban a disposición de algo más grande que ellos mismo. La prosperidad de su cultura, la preservación de la magia verdadera y cese a la corrupción que los sangresucia ejercían sobre ellos, de la misma manera en que Joachim Ayres había manchado con sus asquerosas manos algo tan hermoso y tan puro como lo había sido Émmiliene Lefebvre.

- Si. - Y aunque su respuesta fue breve, no hubo un solo atisbo de duda encriptada en ella.

Vio a Cynthia sonreír orgullosa, así como su mano acercarse gentil a acariciarle la mejilla.

- ¿Has conjurado alguna vez una maldición imperdonable? -

- No. - No, no aún, a pesar que había estado en más de una situación en la que se había sentido más que tentada a intentarlo.

- Me parece que ya va siendo hora de que te enseñemos... vas a necesitarlas, Circe. Y no hablamos de algo tan sencillo como tu primer Lumos cuando tenías once años. Es magia ancestral, oscura y compleja, difícil de dominar. - Aún acariciando el rostro de su hermana, Cynthia le sujetó por el mentón, alzándoselo lentamente.

- Enséñame entonces. - Y ahí estaba, justo lo que la mortifaga quería escuchar. Justo la determinación brillando en aquellos ojos verdes que estaba esperando encontrar en la mirada de su joven hermana.

- Prepararé un traslador para ti en Hogsmeade y te estaré esperando el sábado por la mañana. Aún así, quiero que te tomes estos días para pensarlo bien, Circe. Una vez comienzas, no hay manera de detenerse. Sabes que no opinaremos menos de ti si decides no hacerlo, que puedes prestar tu ayuda de otras maneras de la misma manera en que Calliope lo hace. -

- No, Cynthia. Estoy convencida. Quiero hacer esto. - Con firmeza sujetó la mano con que su hermana la acariciaba, mirándole fijamente a los ojos. Por un instante, ninguna de las dos dijo nada, pues a veces el silencio expresaba más de lo que las palabras llegaban a hacer.

- Entonces ya sabes qué hacer. - Sentenció la mujer. - Te enviaré instrucciones en un par de días. Puedes traer a alguien si así lo deseas. No estaría de más irnos adelantando un poco... - Porque algo se avecinaba pronto, lo sabía. Todos en su círculo lo sabían.

Así fue como se habían despedido. Y aquel sábado al amanecer había partido en busca del traslador que habían escondido para ella, sin cargar con nada más allá de su varita. Y al llegar al recibidor de aquella inmensa mansión, oculta entre las colinas irlandesas, supo a ciencia cierta, en lo más hondo de sus entrañas, que no había marcha atrás. Que esto era lo que había escogido para ella, sin que nadie más la forzara, y que a partir de ese momento ya nada, para ella, volvería a ser igual.
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Drima Lestrange
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5º curso. Cazadora.
Hufflepuff
Circe le había hecho jurar que no comentaría nada a nadie por ninguna razón, y Drima que la admiraba con locura había aceptado, sin dudarlo. La raven no le había explicado demasiado, y la huff había entendido poco y nada, pero no le importaba si en vez de ir a comprar dulces en Honeydukes pasaban una tarde de aventuras en otro sitio, al fin y al cabo todo lo que hacía con Circe le gustaba.

Se puso su más nueva e impecable túnica negra, se quitó las pulseras ruidosas, arregló su pelo del mejor modo y solo le quedaba de drimesco, un lazo rosado que hacia de coleta y su sonrisa feliz. Así le recomendaba Circe que se vistiera y hoy de daría el gusto a lo grande pues se lo merecía.

La raven había ayudado a su mejor amiga, Tulia, y aunque Drima, algún día, se enterara los motivos ocultos, igual lo seguiría viendo como algo bueno, pues la diferencia moral entre el “fin” y los “medios”, estaba muy lejos de la forma de pensar de Drima, y ella más bien, siempre se quedaba con los resultados. Además había escuchado por ahí, que Emi se había alejado de Circe y Chenn, y ese era un momento único a aprovechar. No solo para lograr una mejor amistad con Emi, sino para entrar definitivamente en el círculo de las dos hermosas raven mayores.

- ¿aquí practicaremos los hechizos? ¿Qué hechizos serán, Circe?

Articuló Drima muy bajito cuando llegaron a aquella mansión en la colina, poco después de recuperarse del tirón en el estomago que todo traslador producía. Si la huff hubiera sabido de antemano, que se trataba de las maldiciones imperdonables, estaría saltando de alegría, pero no lo sabía así que solo cargaba consigo una curiosidad tímida, dispuesta a no arruinar la oportunidad de su vida con Circe.

Circe podía tener sus recelos con respecto a la fiabilidad de Drima, pues ella andaba juntándose con todo tipo de seres, desde mestizos hasta elfos domésticos, pero sabía los apellidos de su familia, estaba enterada de su fascinación por los chicos sly, y la había escuchado decir suficientes veces, aunque entre risas y con liviandad, “los sangre-mugre terminaran todos muertos” como para saber que la pequeña no se escandalizaría por ir por ahí hechizando muggles. Incluso podría intuir, que era tanta la locura en Drima, que lo disfrutaría.
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