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| En las zarpas del conejo; (privado) | |
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| Topic Started: Jun 29 2011, 09:23 AM (231 Views) | |
| Reiden | Jun 29 2011, 09:23 AM Post #1 |
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General
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Llegada la época de nuevos reclutamientos el trabajo del General se multiplicaba, debía estar presente en las pruebas de selección pues muchos eran los enclenques que creían poder resistir los meses posteriores de entrenamiento. Allí iban a sufrir a sangrar y a dar hasta el último aliento por el Rey. No quería pusilánimes que se echasen a temblar y huyesen. Claro que para quienes temiesen más al enemigo que a él si osaban desertar tenía castigos ejemplares. De hecho uno de esos castigos esperaba el momento adecuado tirado en las celdas del cuartel, pudriéndose entre barrotes, hasta que los nuevos soldados estuviesen listo para llegar a tal enseñanza. La lealtad para Reiden era un concepto complejo y algo demasiado difícil de conseguir entre demonios; pero había modos, maneras de lo más eficaces y pocas pasaban por la amabilidad o el compañerismo. Mientras se adecentaba el uniforme, colocándose el gorro entre las orejas y doblegando el suelo de los pasillos con sus botas, escuchaba la voz grave y animal del encargado de alistar a los reclutas. Estarían esperándole en mitad del patio mayor, con sus miradas cargadas de orgullo o suficiencia, incluso algunos con temor. La figura del teniente – toro que cada año mostraba sus increíbles cicatrices a los nuevos era legendaria, aquel cuerpo descomunal que poco tenía de “humano” y mucho de bestia agradaba al conejo de una forma bastante morbosa. Incluso llegó a consolarle con la suavidad de sus orejas tras la última batalla, dónde el Teniente perdió la punta de uno de sus preciados cuernos. Tres minutos después de alistarse el uniforme Reiden atravesaba el patio mayor en dirección a las filas de reclutas. Esta vez parecía haber muchos interesados pero más de la mitad abandonarían la primera semana, y la otra parte mayormente moriría o llegaría a convertirse en soldados de provecho. Justo cuando detenían sus pasos frente al Teniente dos cabos estaban repartiendo los uniformes de aprendizaje a los nuevos. Aquel inmenso toro que los recibiese y colocase en filas nada más atravesar el muro del cuartel se cuadro firme y saludó al General. Con un movimiento de cabeza Reiden le mandó a descansar y se paró frente a los reclutas. A penas se fijó en unos cuantos, quizá los de apariencia más frágil (o más bonita). -“Bienvenidos reclutas. Soy vuestro General y a partir de ahora dirigiré las primeras semanas de entrenamiento. Aquí el teniente” - señaló al Toro -. “Se convertirá en lo más parecido a una madre que hayáis tenido en la vida… Os recordaré que tenéis una semana desde hoy para abandonar el ejército sin represalias. Las maniobras comenzaran mañana antes de que se ponga el sol. Hoy no dormiréis ni cenareis.” A un gesto firme de la mano los dos cabos que repartiesen uniformes comenzaron a dividir a los reclutas en grupos de seis, era una selección azarosa. -“¡Ahora! ¡Mirad bien los rostros de vuestro grupo! ¡Seréis hermanos las próximas semanas! Me da igual si al final del entrenamiento os convertís en grupos de una sola persona; pero el grupo que no supere las pruebas será castigado.” Cuando la división terminó Reiden dio un paso al frente y quedó ante un joven demonio de cabellos pálidos que emanaba el aroma de los felinos. Casualmente era bajito, medían lo mismo y eso llamó su atención. Últimamente había muchos “enanos” y eso le obligó a mover la nariz dividido entre la curiosidad y el deseo de hacerles el trabajo más duro. Del mismo modo que se le pasó a él cuando se alisto… hacía ya tantas décadas. -“Tú” – exigió señalándole -. “Serás la cabeza de tu grupo” – dijo y los cabos y el teniente se dispersaron entre el resto de grupos señalando a un recluta al azar para que fuese el líder de cada grupo. Obviamente los más fuertes que no eran escogidos protestaban y el campo se llenó rápidamente de ruidos y movimientos molestos, que el Teniente acalló enseguida. Reiden los ignoró mientras continuaba con los ojos fijos en el leopardo blanco -. “¿Nombre y raza?” |
| Ficha * Cronología | |
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| Azurel | Jun 29 2011, 10:16 PM Post #2 |
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Soldado
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Después de llenar una forma de reclutamiento, el soldado a cargo llevó al grupo nuevo a las instalaciones del cuartel. Los llevaron al centro del enorme patio donde una gran masa con cuernos llena de cicatrices y cara de pocos amigos comenzó, con algo de trabajo, a ordenarlos en fila. Les repartieron uniformes a todos los presentes y mientras eso sucedía un demonio conejo hizo acto de presencia, presentándose como el general. Toda su apariencia a su hambriento ser le gritaba "presa" pero dudaba mucho que hubiera llegado a general sólo por su aspecto esponjoso. La alusión a su nueva "madre" le hizo murmurar entre dientes: -"Mi madre no es tan fea."- cosa que le ganó un par de risillas furtivas de parte de sus compañeros cercanos. -...Hoy no dormiréis ni cenareis.” ¡¿Qué?! Su estómago protestó enérgicamente la sentencia pero se contuvo de reclamar que, en la solicitud habían prometido comida y techo. Sus orejas se replegaron y su cola latigueó demostrando su descontento. Después del discurso tendría que ir a cazar a las afueras de la ciudad otro de esos horribles bichos con tentáculos. Mientras estaba distraído en sus pensamientos los soldados les habían separado en grupos de seis, dos eran los que estaban a su lado en la fila, los otros tres le miraron despectivamente. La promesa de castigo no le simpatizaba lo más mínimo por lo que quisieran o no tendrían que trabajar en equipo. Cuando iba a darles un par de "consejos" a sus compañeros, el General conejo se paró frente a ellos, con ese aire de "obedece o muere" que le rodeaba. Le recorrió con la mirada de arriba a abajo, como decidiendo algo. -“Tú... Serás la cabeza de tu grupo” Ohhh si, ¿podría empeorar la cosa? ahora tendría que pelear para mantener su lugar en el grupo. Incentivos no necesitaba, el hambre ya le tenía de no muy buen humor. A la pregunta del General trató de responder de forma cortés y con la mirada fija en los ojos carmesí. -"Soy Azurel del clan Irbis, General."- |
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Mi Ficha | |
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| Reiden | Jun 30 2011, 10:37 AM Post #3 |
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General
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-“Que dulce” – sonrió tal que si la palabra hubiese impregnado de azúcar sus labios, enlazó las manos tras la espalda en pose firme y desvió los ojos al resto de reclutas -. “¡No os está permitido matar a vuestros hermanos! ¡Para quién tenga el desliz habrá castigo!” – aunque cada vez los accidentes comenzaban a sucederse de forma casual a las pocas horas de formarse los grupos, incluso tras escasos minutos. Reiden dejó atrás al leopardo, comenzó a caminar entre los reclutas sin abandonar su pose recta y su mirada dura -. “¡Durante las pruebas los débiles morirán! ¡Si cae vuestro líder el grupo pasará una prueba especial para escoger otro! Durante más de veinte minutos el General estuvo explicando las normas del Cuartel, indicándoles el estilo de vida que llevarían durante aquellas primeras semanas de pre-selección, aunque se abstuvo de comentarles el destino para aquellos que no pasasen los exámenes: El Dragón. A pesar de escuchar las protestas y los murmullos de muchos con claridad (sus largas orejas no eran sólo un lindo adorno) las ignoró. Tendrían cama, comida y duchas de agua fría, todo lo prometido en el formulario, cuándo Reiden decidiese que lo merecían. Mientras no fuesen más que basura ante él no tendrían nada. Mañana al despertar sería la más importante de sus pruebas, la de impresionarle lo suficiente para hacerse dignos de un lecho y un plato. Así lo explicó y tras gritarles un seco “Firmes” los mandó al interior del Cuartel. El Teniente se instaló a la cabeza y comenzó a explicarles la distribución de los diferentes recintos. Durante el paseo pudieron observar a otros reclutas y un montón de soldados o mandos del ejército que según los veían adoptaban un sinfín de actitudes, aunque mayormente se ponían como palos de escoba al verlos llegar para después lanzarles pullas, sonrisas y miradas lascivas a los novatos. Bueno, aquella era otra prueba más pero el General no consideró necesario comentarles que estaba de moda entre los más experimentados implantar retos a los reclutas recién llegados y que durante aquel paseo escogían sus primeras víctimas. Por fortuna para ellos estarían a salvo la primera noche pues tras darles el paseo completo a través de las comodidades que no disfrutarían de momento volvieron a llevarlos al patio. Esta vez enfilaron hacia una cuadra. -“Pasaréis lo que queda de día aquí encerrados” – dijo Reiden desde la puerta una vez los reclutas estuvieron dentro. A penas incidía la luz desde la gran puerta y desde infinidad de agujeros en paredes y techo. No tenían más iluminación, sólo había montones de paja por el suelo, manchas que parecían sangre seca u otros excrementos y bastantes zonas de madera elevadas. A ambos lados de la puerta se apostaban los dos Cabos y tras el conejo estaba la figura inmensa del Toro sonriendo con un deje malicioso -. “Procurad no dormiros ni comeros entre vosotros, y, no tengáis miedo… mamá velará porque no os coman las chinches.” Hizo un gesto al Teniente que se apostó tras las puertas antes de comenzar a cerrarlas y dejarlos allí encerrados. Para Reiden las horas pasarían raudas antes de volver a despertarlos; pero se preguntaba cómo pasarían la noche los soldados y si les gustarían las duchas de agua congelada y los golpes que les propinaría “mamá” para que no pudiesen conciliar el sueño. ¿Era necesaria la tortura? Bueno, así le habían enseñado a él y así eran las cosas desde hacía décadas, no había un modo mejor de sacar partido a los nuevos y pulir de tanto en cuando buenos soldados. [ESCENA TERMINADA] Edited by Reiden, Jul 1 2011, 08:09 AM.
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| Ficha * Cronología | |
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