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Un demonio
Topic Started: May 26 2012, 01:53 AM (131 Views)
Mackaybennett
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Sacerdote demoniaco

Contra mi espalda las salientes de la cueva se sienten agradables, un cosquilleo que aliviaría a duras penas una comezón. Bajo mis pies se extiende el suelo viejo y quebradizo de la barranca donde se abandonan los muertos. En una ciudad como esta hay demasiados muertos para comérselos a todos. Se les roba, se les mutila y los desechos terminan aquí. Los restos putrefactos de una civilización. Un manjar para quienes gustamos de cierto grado de “madurez” en la carne.

Abandonó la seguridad de mi cueva. La cola me arrastra entre los cadáveres y los desperdicios. El ojo vago se mueve por mi carne, inquieto, vigilante. Hay un olor... el toque justo de agua y sol, pegó la lengua al paladar. Puedo sentirlo, varios días a la intemperie, abundante sangre ya reseca, coagulada en el interior del cuerpo. Debió morir en una pelea. Le arrancó una pierna, músculo y un buen hueso, quizá haga un caldo más tarde. Pero ahora no es momento para distraerse, en el interior de la cueva, en mi escondite particular, una dulce poción danza con el fuego.

La cueva es un laberinto de encrucijadas. Si tomas las correctas podrías llegar a mi escondite, si encuentras el camino llegarás al templo principal. Supongo que en otros tiempos era una vía de escape, ahora es mi secreto, protegido con pociones que atontan, confunden y a veces matan, cerrado a los curiosos por las trampas que sólo yo conozco.

Revisó la poción en el caldero. Aún cuando encontrarán este lugar, con sus tesoros a la vista, los calderos y las estanterías repletas de ingredientes secretos, de posiciones en sus brillantes frascos, no sabrían que hacer con ellos. La mayoría de los demonios son estúpidos. Carecen de la paciencia necesaria, no comprenden la forma de contar los instantes, su cabeza hueca no asimila los conceptos del fuego, de la temperatura. ¿Cómo podrían elaborar una poción cuando no saben estarse quietos?

Reviso el fuego, remuevo la espesa mezcla que llena la piedra de un olor a sangre podrida. Hay tantas cosas que se pueden hacer con los ingredientes justos. Puedo crear un sin fin de efectos si me lo propongo y el templo me permite experimentar cuanto quiera. A veces vierto unas gotas en el agua del templo y observo a los sacerdotes, a los creyentes. Es una forma de divertirse y aprender.

Sobre uno de lo estantes conservo mi reloj de arena. Una extraña reliquia humana que robé de los arpíos. Mi antigua tribu conocía bien los misterios de la sabiduría humana, el conocimiento de la hierbas y los animales, el conteo de los instantes, la magia pura de las pociones. Los arpíos me enseñaron a poner disciplina en la mente sin descuidar el instinto. Algo difícil para un demonio, pero no imposible. Los humanos son interesantes y son tantos, nadie nota la perdida de uno. Quizá lo más poderoso que tienen son sus sentimientos, algo que yo deseo colocar en una botella y usar a mi favor. Si dejara caer una gotas de los sentimientos humanos en el agua del templo, ¿cuántos sacerdotes llorarían sobre el cuerpo de sus víctimas. ¿Qué seria del general conejo si el remordimiento humano no lo dejara matar más?

Retiró la poción del fuego y la vierto en varias botellas, las guardo en un sitio oscuro. La inteligencia requiere un poco de paciencia. Pongo en un morral una dotación de pociones de diferentes tipos, algunas para el templo otras para vender. En un atado resguardo ciertos ingredientes venenosos que me pidió Tsurai. No estoy muy seguro que me guste ese demonio, en sus ojos inteligentes notó un destello de ironía cuando regateamos por los precios. Los demonios bonitos siempre son taimados. Me gustaría experimentar con él, pero es demasiado listo. Siempre vigila lo que come, lo que toma. Hace bien, vivirá mucho.

Levanto el rostro y aspiro. Casi puedo oír la voz del sacerdote llamándome. Su olor de calentura eterna se distingue fácilmente. Amarro la pierna que recogí con una cuerda y me la cuelgo en el hombro. Es hora de volver a mis obligaciones.
Edited by Mackaybennett, May 26 2012, 01:57 AM.
Río de espíritus
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