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| Resacas y regalos; (John) | |
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| Topic Started: Jun 18 2012, 11:12 AM (102 Views) | |
| Madoka Jones | Jun 18 2012, 11:12 AM Post #1 |
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¿Qué hora sería? Madoka abrió los ojos y sintió punzadas de dolor en ellos. A penas se colaba claridad por las rendijas de la persiana, además estaban echadas las cortinas, sin embargo todavía quedaba suficiente claridad para golpear su maltratado cuerpo con crueldad. Estaba cansado y debía llevar durmiendo todo el día. Trató de recordar a qué hora se fueron de la fiesta, si era Lunes o todavía estaban a Domingo. Afortunadamente sólo necesitaba orientarse por orientarse ya que fueron bastante listos para posponer el trabajo durante dos o tres días después de la fiesta. Sería mortal moverse y pensar luego de tanto desmadre. Al final se lo pasó bien, sólo tuvo que correr a los brazos de Akuma para olvidarse del extraño episodio junto a la piscina. De hecho recordarlo le hizo gemir cómo si fuese un dolor físico así que lo apartó, ya volvería a ello cuando fuese persona..., por el momento prefirió seguir intentando rememorar qué había hecho. Recordaba más de lo esperado. Sorprendente No logró ganar la botella, gruñó rodando entre sábanas en busca del borde del colchón, ni siquiera tuvo sexo durante la fiesta. Sólo logró concentrarse en unos pocos jugueteos con Akuma (o eso creía recordar) y ahora que lo pensaba tampoco su amigo pareció disfrutar como se debía disfrutar. Empezaba a pensar que su fiesta no fue un éxito. Al menos no para quien debía serlo: el heredero Kaika. Por otro lado estaba seguro que sería recordada como la mejor fiesta de ese año durante... años. Tragó saliva. Tenía la boca seca y pastosa. Incómodo carraspeó. Afortunadamente logró asirse al borde de la cama, entonces su cerebro pareció capaz de situarse sobre la cama, encontró que estaba al revés y que los pies jugueteaban con la almohada mientras su cabeza permanecía semi oculta por la sábana y lo que rozaba su frente era un trozo del disfraz. ¿De qué parte? Ni idea. Podía asegurar que había tomado mucho licor, quizá algo más, no sabía, su cerebro no terminaba de ponerse en orden, pero gracias al cielo podía estar seguro de que nada terrible había acontecido. Qué raro Rezongó para si y entonces le pareció escuchar ruidos fuera del dormitorio. Trató de concentrarse. Sí. Había alguien por casa. Durante un momento se alarmó. Esperaba no tener a ningún acompañante o invitado de la fiesta en casa. Procuraba que sus ligues y desmadres ocasionales no tuviesen acceso a su santuario. Frunció el ceño. No. Ese ruido me suena. No era Akuma, ni la empleada del hogar Oh... ¿Johny? De golpe sacó la cabeza de ente las sábanas, levantándose sobre los codos y mirando desorientado las penumbras del dormitorio. Vio los números digitales en tono verde brillante del despertador pero no fue capaz de deducir la hora, sintió nauseas por el brusco movimiento y un punzante dolor en el cráneo. Gimoteó, trató de sacar la voz adelante pero le costó, tanto que cuando liberó las palabras deseadas parecía un pollo afónico. -...¿John?... - tuvo que repetirlo varias veces hasta que le sonó audible, menos fantasmagórico. Como tardó en recibir respuesta (o eso le pareció) volvió a tirarse sobre la cama. Tenía hambre y sed; pero la pereza tiraba de su cuerpo con más fuerza. Me meo |
| Como la pólvora | |
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| John Baker | Jun 18 2012, 05:13 PM Post #2 |
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Fue una noche demasiado larga y pesada como para poder resumirla, aún le costaba estructurar todo lo que había pasado y lo que había visto. Sin duda ese evento sería recordado como uno de los más grandes de toda la historia, ya no recordaba cuántas felicitaciones había recibido para Madoka. Los invitados estaban pletóricos, destacaban la decoración, el servicio, el sexo, la privacidad, el entorno…Todo había sido un completo éxito. Otro tema es que lo hubiera sido para Akuma y Madoka, desconocía lo que pasaría por la cabeza del heredero Kaika pero…Madoka, de él sí que lo tenía claro. A lo largo de la noche rememoró lo que sucedió al lado de la piscina una y otra vez, como un bucle infernal que le perseguía. A diferencia del peli rubio, él no ahogó las penas en el alcohol, aunque sí tomo alguna que otra copa intentando bajar el nudo que tenía instalado en la garganta. Estuvo escondido en la paz de la habitación de vaporosas cortinas hasta que se sintió con fuerzas para salir al exterior y continuar con su labor. El aire y el ruido excesivo le aliviaron un poco; quizás también influyera el no volverse a cruzar de cerca con Madoka. Lo agradeció pues no se sentía capaz de mirarle a la cara. Al final de la noche terminó llevando a un Madoka semi inconsciente a su casa. El trayecto había sido tranquilo y su bello durmiente jefe no se enteró de nada. Prácticamente lo cargó a la cama. Recordaba hacerse quedado mirándolo durante minutos. Soy un imbécil, no me tendría que haber quedado pensaba mientras trasteaba en la cocina. Una parte lógica de su cerebro le recordaba que podía haber marchado a su casa y procurar despertarle por teléfono o viniendo temprano. Pero hizo todo lo contrario, se quedó allí comprobando que pasaba una noche tranquila y ocupando una de las habitaciones contiguas. El desayuno estaba preparado y colocado pulcramente en la mesa, aunque algo le decía que Madoka no estaría para desayunar. Le pareció escuchar su voz, al principio débil y ronca, luego algo más firme. Estaba llamándole. Sabía que el momento de enfrentarse a él llegaría y no era ningún crío que tuviera que esconderse. Con suerte no recordará nada de lo que pasó pensó inocentemente. Entró en la habitación sin apenas hacer ruido, como si de un ninja se tratara. En la mano llevaba un vaso con agua, caminó hasta los pies de la cama donde quedaba la cabeza de Madoka. La cama era un caos de sábana enrollada mezclada con el disfraz y el pelo rubio cayendo sobre ella. -Que desastre…-saludó en un susurro. Cogió el vaso por el borde y lo bajó hasta que rozara la frente de Madoka. -…buenas tardes-añadió mirándole desde arriba. Pulcro y perfecto como si por él no hubiera pasado ninguna fiesta. |
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| Madoka Jones | Jun 19 2012, 09:39 AM Post #3 |
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Por segundos el sopor regresó a sus miembros, amenazando tirar de él hacia las profundidades del sueño, casi ajeno a los pasos que se aproximaban hasta la puerta; pero fue el sonido leve de esta quien le salvó de la inconsciencia. Sonrió estúpido como un crío, consciente del galopar inquieto de su corazón mientras escuchaba la respiración pausada del inglés y apreciaba el perfume de su cuerpo. Un punzante pensamiento libidinoso le asaltó: Estaba desnudo mientras se acercaba y él podía investigar si ese perfume era propio de la piel inglesa o un añadido exquisito, saborear su suavidad con la punta del la lengua. -Mnh -gimoteó, empalmado, en respuesta al saludo de su niñero. Alzó la cara, arrebolado como pocas veces y sintió un frescor agradable gracias al cristal contra la frente. El gesto le volvió loco de placer, algo tan simple le parecía el detalle más bonito de la historia y además contribuía a bajar esa especie de febrilidad en la que estaba cayendo. Tampoco era alguien vergonzoso y empalmarse por las mañanas resultaba de lo más normal (muy sano), si bien, estaba nervioso porque John pudiese darse cuenta. No obstante sonrió contento y sacó un brazo pálido de entre las sábanas, tomando el vaso y apurando su contenido con total satisfacción. Todavía le daba vueltas el dormitorio, del mismo modo que el cerebro, mientras se afanaba en poner orden a cientos y cientos de recuerdos difusos que se habrían paso una vez tras otra ante sus ojos. Devolvió el vaso casi vacío e hizo un esfuerzo inhumano por moverse, atrapando las sábanas bajo su cuerpo para envolverse en ellas como un rollo de primavera y así evitar que su desnudez quedase muy expuesta. ¿Ridículo no? ¿Él temeroso de mostrar el culo? Sólo a John y qué irónico cuando por dentro ardía en ganas de que se tumbase en ese blando colchón y mostrarle cómo se volvía la única cosa blanda en esa habitación... Habitación que por cierto debía olor a mierda. Al menos eso le pareció cuando su espalda alcanzó un estado erecto y las fosas nasales repasaron el aire en busca del perfume de John. -Y yo con estos pelos -murmuró con la voz ronca y cargada, frotándose un ojo y bostezando escandalosamente. No podía por menos que admirar la pulcritud de su asistente, el perfecto estado de su cara trasnochada, porque estaba casi seguro de que John le trajo hasta casa. Dormía como un oso después de las fiestas. A penas le llegaba información exterior pero recordó que su niñero acababa de darle las buenas tardes. Quiso hacer lo mismo pero su voz fue interrumpida por el escándalo de un estómago vacío y devastado por el alcohol y las las uvas de la noche anterior. Fue inevitable quedarse estupefacto ante tal rugido, tanto así que luego rompió a reír, tirándose en la cama de costado y poniéndose aún más colorado. -Dios... buenos días a ti también...estómago – murmuró buscando los ojos del inglés, palmeando el colchón a su lado para invitarle a sentarse, todo ello recordándose de vez en cuando que se estaba meando. Espero a que se sentase y le sonrió pacífico - ¿Te lo pasaste bien? Aunque nada más preguntarlo se arrepintió. No quería saberlo. Porque acababa de volver a su memoria la escena del moreno y cómo le acariciaba el pecho. Debió tirarlo al contenedor de basura más lejano. También se acordó del estallido junto a la piscina, algo que le hizo quedarse serio y preguntarse qué había pasado exactamente. |
| Como la pólvora | |
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| John Baker | Jun 20 2012, 12:15 AM Post #4 |
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Le vio moverse como un gato adormilado, revolviéndose dentro de las sábanas y sacando un brazo níveo para coger el vaso. Lo soltó suavemente comprobando que no se le cayera. Parecía luchar con la sábana, quizá estaba demasiado dormido para saber cómo librarse de ella, obviamente desconocía las circunstancias en las que se había despertado, él prefería mirar los fragmentos de piel que quedaban a la vista. Arqueó una ceja al ver su cara de oler mierda, aún estaba ubicándose. Dejó el vaso sobre una de las mesas pendiente que Madoka no acabara rodando por el suelo, eso es lo que esperaba, pero lo que resultó fue un rugido tremenda, grave y sorprendente. ¿Eso era su estómago? ¿Acababa de retumbar como un dragón en la cueva? Los dos se quedaron mirándose con los ojos muy abiertos, como dos liebres a las que acababan de dar las luces largas. Aguardaron así unos instantes antes de que Madoka estallara en risas volviendo a tumbarse en la cama; él por su parte sonrió aguantando a duras pena una suave carcajada que ahogaba en el interior de la garganta haciendo vibrar la nuez. –Al menos tu estómago está despejado-logró articular no sin cierta dificultad. Quedó en silencio viéndole reír contra el colchón, el pelo rubio como el sol cayendo desordenadamente por la frente y lamiendo la sábana. Deseo ser esa tela blanca y recibir la caricia de la melena suave. John…John…¿No aprendiste nada en la fiesta? Sí, pero era realmente difícil controlar sus propios deseos. Cada día iba a peor en vez de mejorar. “Y yo con estos pelos” La frase le regresó a la mente-…mentira, tú siempre estás perfecto-la frase escapó inconscientemente entre los labios. La mano hizo su propio camino, sin recibir orden alguna de su cerebro, y apartó unos mechones de la frente acariciando la piel con la yema de los dedos. Carraspeó parpadeando y sintiéndose repentinamente idiota. ¿Acababa de decir lo que acababa de decir? Bueno, no era una mentira, Madoka se suponía que pasaba por una de las resacas más inmensas del mundo y aún así tenía una piel estupenda, un brillo en el pelo majestuoso y su voz; una vez que lograba calibrarla; le parecía tan sexy como siempre. Cambió su posición ligeramente inclinada para tomar asiento donde Madoka le indicaba. Hubiera preferido alejarse pero no siempre podía salir corriendo tras cometer un pequeño error de cálculo. ¡No era culpa suya, también había pasado una noche larga sólo que a él le afectaba de manera diferente! Digamos que no tenía su autocontrol perfectamente calibrado. Puede que necesite desayunar como el estómago de Madoka. -Fue…Una gran fiesta-comentó dubitativo. Era el mejor calificativo-Todos los invitados estaban contentos y las felicitaciones están almacenadas en una caja-explicó recordando cómo tuvo que encajarlas donde primero encontró. Pero sabía que la pregunta se refería a él, no al resto del mundo. –Aún me cuesta…-guardó silencio unos segundos, unos instantes en los que sólo miró los ojos verdes de Madoka como si con ello ambos supieran que tocaban una tema delicado para ambos. No fue capaz. Miraba esos ojos y a su mente venía la escena de la piscina, cómo le sujetó y la sensación que experimentó. Ahora la recordaba incluso mejor que antes, sabía la rabia que sintió cuando otros le tocaron y cómo pensó que Madoka era suyo ¡suyo! El aire se escapó de los pulmones-…lo…importante es que tú lo pasaras bien ¿fue así?-logró reaccionar. |
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| Madoka Jones | Jun 21 2012, 09:51 AM Post #5 |
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Sonrió por el halago, felino, sensual, no pudo evitarlo ya que sus labios se curvaron sin orden del cerebro, únicamente de la emotividad y ellos estaban más agradados con cada nuevo piropo que escapaba de labios de John. Notaba que lo hacían sin querer, o eso parecía, cuando el gélido humor británico se resquebrajaba llevado por sentimientos intensos. Tal vez actuaban como gilipollas, negando lo obvio y aplazando lo inevitable; pero seguirían así. Él seguiría así pues temía por vez primera estropear algo demasiado preciado. Cerró los ojos, saboreó el cosquilleó de los dedos entre su cabello y dejó ir un suspiro similar a un ronroneo placentero. Al volver a abrirlos encontró el perfil de su niñero, el colchón más hondo dónde el peso de ambos se concentraba y un fuerte olor personal que le hizo sentirse feliz. Allí estaba: el perfume que había buscado desde que escuchó la puerta abrirse. “Fue...una gran fiesta” -Oh-suspiró, que sabio era su pequeño gentelman. Esquivaba la pregunta para elaborar alguna respuesta más apropiada. No sintió particular alegría al saber que los invitados quedaron maravillados, ni que le aguardaban cientos de cartas o regalos de felicitación. Eso sucedía a menudo y por lo general le daba placer; pero esta vez no. Oteó el horizonte que formaban las piernas de John, las olas diminutas conformadas por las arrugas del pantalón, tragó saliva, sintió una nausea ligera abriéndose paso entre la felicidad provocada por el simple hecho de tenerle cerca. Los recuerdos del borde de la piscina, el regusto a celos furiosos que sintió cuando vio a aquel moreno ligando con SU niñero. La posesividad, el deseo... empezaban a superarle. Notó la mirada clara en él, alzó su propio verdor en respuesta y sus ojos permanecieron fijos como si acabasen de engancharse, como si un imán buscase mantenerlos unidos y acercarlos. Así lo sintió, un tirón en el pecho, un hormigueo brusco en los brazos. Abrió la boca, dejo escapar el aliento cálido que todavía guardaba regusto a alcohol. Quería besarle. NECESITABA besarle. Estaba ahogándose en ese anhelo de un modo doloroso. John debió notarlo, porque el rostro como espejo del alma se resquebrajó en incómoda expresión. Frunció el ceño, se alzó sobre las manos y la sábana enroscada a penas alcanzó a seguir cubriendo sus caderas, esa curvatura de la baja espalda. Tenía la piel erizada, quedaban tan próximos, era tan sencillo satisfacer el deseo. Tragó saliva y se miró las manos que hundían los dedos en las sábanas calientes. -No-fue sincero, tan sincero que la culpa logró escapar a su mirada por segundos eternos, hasta que algo más sabio intervino y logró mandar una descarga eléctrica a todo su cuerpo -Me meo- rápidamente se levantó, sábanas enlazadas a la cintura, enmarañadas en las rodillas, pies raudos huyendo hacia el lavabo del dormitorio. La puerta se cerró tras su espalda, dejando una blanca imagen como colofon al extraño e íntimo momento ¡Casi se lanzaba sobre él! ¡Estuvo a punto de devorar su boca y clavar la polla entre la tela impoluta de su estúpido traje! -Mecagonlaputa- rezongó, riendo leve, nervioso, soltando las sábanas para exponer su pálido cuerpo a los azulejos de diseño. El baño era grande, pese a ser el “pequeño” y le dejó una sensación solitaria muy incómoda, pero no fue capaz de bajar el caliente que le invadía. Aprovechó a librarse de las aguas acumuladas mientras sacudía la cabeza y rememoraba continuamente su propia necedad. Intentó relajarse con agua fría, después de lavarse las manos, pero parecía que aquello no lo bajaba nadie, el simple roce le hacía temblar y morderse el labio inferior deseoso de apretar la erección erguida entre sus piernas y machacarla hasta arrojar fuera toda tensión... pero John estaba fuera. La sóla idea le excitaba más. -Johny – llamó apoyado contra la puerta, echando el pestillo, sonriendo y frotando la frente contra la puerta. Estaba febril -. Aprovecho a ducharme... Huelo a estiércol -logró reírse y sonar divertido - ¿Me preparas la merienda? |
| Como la pólvora | |
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| John Baker | Jun 21 2012, 10:04 PM Post #6 |
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Madoka dijo un “no” claro y contundente. Y de esa forma tan sencilla expuso en palabras lo que él mismo pensaba. Se vio tan claro reflejado en los ojos verdes, como si Madoka pudiera atravesarle y ver más allá de él. La tensión del momento fue rota por la llamada de advertencia. Casi estalló en carcajada al escucharlo, probablemente lo habría hecho si no fuera por el ambiente tan fuerte e íntimo que se instauró entre ambos. No era la primera vez que veía cómo la figura sensual y atrayente de Madoka se alejaba de él escapando; sucedió en la caravana e incluso él lo hizo en la fiesta. Contuvo la respiración mientras corría en dirección al baño, lo hizo hasta que la puerta se cerró interponiéndose entre ambos como un muro de contención. Un muro que contenía toda la pasión que intentaban retener. Se levantó dejando una curva de tela arrugada donde había estado sentado. Escuchó el apelativo “Johny”, aún le palpitaba el corazón cuando lo escuchaba y eso que no era la primera vez. –Está bien-contestó alzando la voz para que le escuchara a través de la puerta. En pocos pasos se colocó al lado de la puerta, pegó le frente, no sabía que Madoka hacía lo mismo al otro lado, si aquella madera no estuviera de por medio ahora mismo sus pieles se tocarían-…volveré-susurró contra ella antes de separarse y abandonar la habitación. Lo que le había dicho a Madoka es que ya tenía el desayuno preparado, fue una de las primeras cosas que hizo esa mañana cuando despertó. Por eso sólo tuvo que ponerlo en una bandeja y llevarlo a la habitación, no tuvo que abrir la puerta porque la dejó abierta al salir. Miró alrededor, en un primer momento pensó en la mesilla para dejarla pero estaba llena de cosas tiradas, definitivamente lo dejaría sobre la cama. Desayuno en la cama, no podrá quejarse pensó cómicamente. Inevitablemente parecía un enamorado llevándole el desayuno a su esposa. Sacudió el cabeza resignado y a punto estuvo de decirle a Madoka que había vuelto. |
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| Madoka Jones | Jun 23 2012, 11:22 AM Post #7 |
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Apoyó la oreja contra la puerta, escuchó rumor de pasos alejándose y sus manos corrieron a enterrarse entre las piernas. Urgentes. Un escalofrío inmediato le obligó a apretar los dientes para evitar gemir en alto. Añoraba otros dedos acariciando la piel hinchada y caliente, azotando el deseo que continuamente enviaba electricidad a sus piernas, haciéndolas temblar y separarse deseosas; pero debía conformarse con un placer a medias, vergonzoso. ¿Cuándo sintió reparo por darse placer? ¿Cuándo sintió miedo de hacer público su deseo por otro ser humano? Jadeó quedo, cerró los ojos y arrastró la mejilla en la madera hasta que de nuevo la frente reposó contra ella, otorgando un ápice de equilibrio a su cuerpo arrodillado. Entre los dedos sentía su miembro como un tronco de madera pulida, sedoso y palpitante de placer. La sangre llegaba en pequeños latidos que a penas alcanzaban el galopar del corazón, retumbando contra las costillas y meciéndose con el aliento quebrado y gimoteante. Los labios húmedos demandaban carne y músculos para saborear, una lengua contra quien luchar y el regusto salado de piel sudorosa por el esfuerzo de las embestidas. ¡Oh! como sería tenerlo contra el culo, sofocándole entre los brazos y golpeándose contra sus nalgas hasta hacerlo gritar por más... -Mmnh ah-incapaz de contenerse más liberó la voz, párpados apretados de puro placer y los dedos ceñidos como cepos cálidos. No. Ardientes. Desgarradores como el toque mínimo de lava recién escupida. Creía morir de deseo y al tiempo sentía frustración porque el placer no se lo otorgaban los labios de John, ni sus manos, ni su mirada de profundo azul. Tan gélida y tan ardiente. Intentar fingir que lo tenía encima, detrás...debajo (¡No importaba!) era perder el tiempo, quemarse en un vicio imposible de satisfacer, porque la humedad que le resbalaba entre las piernas, escapando del glande hinchado, era exigente y quemaba. Odiaba ser desperdiciada. -Ahg...ah...shh...i...joohng...johny- musitaba sus jadeos, anhelante, suplicando que la puerta se abriera pese al pestillo y el deseo cumpliera sus expectativas. Entreabriendo los ojos sin lograr ver más allá del vidrio que los cegaba, que convertía las baldosas del suelo en simples rallas inconexas. No podía escuchar el volumen de su propia respiración, del exquisito compás que alcanzaba su placer y se traducía en sonidos excitados manando de la garganta, llenando el baño, tan ajenos al hombre que había regresado al dormitorio portando la bandeja del desayuno. Porque solo esa supuesta soledad podía convertirse en la llave que mostrase la erótica de una voz llena de sentimiento puro e inocente. ¡El agua! Intentó interceder la conciencia, un mínimo atisbo de cordura que desapareció tan rápido como su cuerpo se tensó, demandando más fuerza, más rapidez, más profundidad... La ducha había quedado olvidada, una posible mascarada por si John regresaba al cuarto; pero hacía miles de segundos que no podía pensar en nada más que los latidos de su sexo y el cosquilleó maravilloso que recorría cada nervio de su cuerpo. Imaginaba que eran las caricias del inglés y que la presión deslizándose contra su pasión representaba el demandante deseo del niñero. De este modo fue que la voz se volvió más apasionada, apurada y fluctuante como las olas del mar. Tragó saliva y la respiración se volvió un suspiro tembloroso. Sería rápido. Desde el principio sabía que contener tanto deseo era difícil y que sólo necesitaba unos minutos de imaginación y fricción para evaporar esa fiebre demoledora que apretaba sus testículos. Madoka siseó, musitó el nombre anhelado una vez más y dejó resbalar la frente hasta le suelo. Jadeando en busca de un frescor que aliviase lo que se antojaba ya una tortura inmoral. Estaba tan expuesto de ese modo, arrodillado como un perrillo desesperado sin nadie que pudiese llenar el hueco entre sus nalgas, esa pequeña cavidad que palpitaba deseosa y no encontraba consuelo. Deslizó dos dedos hasta ella, acariciando, penetrándola sólo para descubrir lo decepcionante del acto. No había en sus dedos nada similar a lo que deseaba; pero duró poco, un último espasmo, un gemido desesperado y la pasión estalló contra el suelo. -Mnhg Madoka trataba de controlar su respiración, tembloroso aún, jugueteando en su interior con los últimos coletazos de un orgasmo poco satisfactorio. Tragó saliva, por fin se enderezó y descubrió la humedad en sus manos como una travesura inconfesable. Chasqueó los labios, buscó una toalla y limpio la mancha reveladora. Finalmente se metió a la ducha, aún jadeante. |
| Como la pólvora | |
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| John Baker | Jun 23 2012, 03:36 PM Post #8 |
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Acababa de dejar la bandeja sobre la cama, a penas sus dedos soltaron los bordes rígidos cuando escuchó ruidos provenientes del baño. Instintivamente se enderezó lento, agudizando el oído, realmente no era necesario pues los jadeos se habrían escuchado aunque no les hubiera prestado atención. Madoka seguía en el baño, pero no estaba bajo la ducha. Oh no, todo lo contrario, estaba tras la puerta y… John tragó saliva. Miró aquel muro infranqueable. Primero dio un paso, seguido por otro, pequeños avances silenciosos que le llevaban hasta el origen de aquella voz gutural, unos gemidos que se le colaban por los oídos clavándose lo más dentro posible. Cuando llegó hasta la puerta pegó la frente en ella junto a la mano extendida. Entonces lo escuchó: “Johny” Su nombre. Claro como el agua y excitante hasta niveles incalculables. Madoka se masturbaba pensando en él y mientras él sólo podía apretar los ojos y los labios contra la puerta. Los cerró imaginando que esa puerta no existía. La oscuridad le permitió imaginar el cuerpo al otro lado, ver esa mano subiendo y bajando dándose placer. Casi podía oír la fricción, sabía la velocidad por los gemidos que ya no se ocultaban. Una vez más su nombre, su nombre dicho en pleno éxtasis por los labios de Madoka. No podía creer lo que oía y sin embargo no quería dejar de escuchar. La mano acarició la superficie fría de la puerta. A pocos centímetros estaría Madoka, desnudo, saciando su calor, el ardor interior que le consumía de la misma forma que le consumía a él. John se llevó una mano a la entrepierna. Duro, palpitante y retenido a duras penas por el pantalón del traje. Si sólo fuera el cuerpo de Madoka, si pudiera pasar esa puerta y abrazarlo. Provocarle esos gemidos él mismo, acariciarle, besarle, tomarle y penetrarle como si no hubiera un mañana. Podía sentir el deseo a través de la puerta, beber el gemido prolongado del orgasmo. Todo terminó pero para él fue eterno. Abrió lentamente los ojos al oír por fin el sonido de la ducha. No fue capaz de moverse inmediatamente, permaneció junto a la puerta permitiéndose respirar fuerte soltando y recogiendo el aire que retuvo durante todo aquel rato. Se giró apoyando la espalda en la puerta y apretándose el puente de la nariz con los dedos. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué estaba pasando? Aquello se les estaba yendo de las manos; hasta ese momento no era importante porque creía ser un capricho para Madoka y le daba igual ser el único que sentía algo más. Pero ¡No era así! Le había observado desde hacía semanas, conocía cada detalle ¿Desde cuando no estaba con otro hombre? ¿Desde cuando se ocultaba para saciar su pasión? Y cuando intenta alejarse tú se lo impides se acusó a si mismo recordando lo sucedido en la piscina. ¿Y qué podía hacer? ¿Sentirse culpable? Lo deseaba, no, más bien lo quería y no soportaba que ninguno de aquellos babosos lo tocara. Cuando dejó de oír el sonido de la ducha se apartó apretando los labios por el dolor palpitante en la entrepierna; miró hacia abajo comprobando que no era muy notable. No mientras no chocara con él. Debería haber salido de la habitación antes de que Madoka regresara del baño pero fue imposible, la puerta se abrió antes de que él pudiera poner una máscara de indiferencia. -El…desayuno…-señaló la bandeja con gesto sutil. Aunque no la miro porque sólo podía mirar los ojos verdes. No podía fingir que no lo había oído, sólo podía intentar no tocar el tema por el bien de los dos. |
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| Madoka Jones | Jul 22 2012, 06:09 PM Post #9 |
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Madoka cerró el grifo y tomó una toalla tupida, secándose rápido, tanto que a penas retiró la humedad de su espalda. Estaba demasiado abstraído observando como se arrastraba la espuma hacia el desagüe, empujada por el último repiquetear de la ducha. El jabón dibujaba remolinos tercos. Podía sentirse identificado con ellos. No quedaba nada que obviar en su mente, eran tan firmes las razones que le llevaban a masturbarse pensando en el niñero, tan profundas e inquietantes que prefería dejar la mente en blanco, ajeno a todo... porque si lo ignoraba tal vez aquel extraño capricho (ojala fuese tal) terminara pasando. Sin embargo sólo pudo hacerse el tonto hasta que abrió la puerta y sus ojos claros se toparon con el rostro contrariado del inglés. Lo había oído. Aquella certeza atravesó su mente como una punzada dolorosa, demasiado rauda para causarle la vergüenza debida. No se sonrojo pero las pequeñas gotas húmedas de su espalda se congelaron y resbalaron hacia los holgados pantalones amenazando arrancarle la piel a tiras. -Oh-fue cuanto pudo articular mientras dejaba atrás el baño y se acercaba a la cama. Entre ambos surgió un acuerdo táctico, mudo, dónde acordaban hacer como si nada pero Madoka se preguntó si realmente seria capaz de tal esfuerzo. Empezaba a volverse loco y los ojos de John lo tenían atrapado como si fuesen los focos de un coche aproximándose a toda velocidad, y él, la libera a punto de ser atropellada. ¿Qué pensaría de él? ¿Y cuándo empezó a importarle lo que pensasen los demás?Incluso sus niñeros...ellos menos... pero el condenado inglés era diferente y odiaba la idea de que le tomase por un pervertido, o un imbécil deseoso de tirarse todo lo que tuviese buen culo. Le llevó un minuto eterno y odioso pero logró apartar los ojos de su niñero, desviarlos fugazmente hasta la bandeja, de vuelta al inglés, al contorno incierto de sus entrepierna, de vuelta al desayuno. Demasiado rápido pero igualmente intenso. Qué esperaba encontrar, se preguntó divertido por su propia estupidez, un bulto revelando lo excitado que estaba el inglés, sí, que al menos eso no podía ocultarlo detrás de su fachada gélida y perfecta... la prueba del deseo mutuo...tal vez un permiso. -Gracias-Madoka suspiro agobiado (debía ser la primera vez que lo hacía en años), se frotó el puente de la nariz sin saber que imitaba el gesto de su niñero y fue hasta la bandeja dispuesto a desayunar -. Creo que me duché con agua muy caliente... Al menos agradeció que la voz le salía normal, pese al hormigueo nervioso de sus dedos. Tomó asiento y cotilleó en la bandeja. Tenía hambre. Siempre se moría de apetito tras fiestas tan gordas. Silencioso decidió atacar primero una tostada, masticando lentamente y alejando todo pensamiento de su mente más allá del crujiente tacto del pan o el olor apetecible del café. Necesitaba cafeína desde luego, tal vez algo más fuerte. Estuvo en silencio mucho rato. Sin ánimo de torturar al inglés, ni de hacerlo sentir incómodo (porque él mismo estaba MUY incómodo) pero parecía haberle comido la lengua el gato... entonces un pensamiento asaltó su mente y la sonrisa más brillante volvió a inundar el rostro del modelo. Otorgándole esa gracia y despreocupación habitual. -Se me olvido con todo esto de la fiesta- señaló su armario, agitando los dedos-, tengo algo para ti... Esta bajo la balda de las camisetas. La caja con el lazo rojo. Rojo y enorme. Pasional como le comentó el zapatero. Entonces le hizo gracia, incluso llegó a ilusionarse de la forma más tonta pero ahora... ahora estaba nervioso. Inquieto por ver la reacción de John ante aquella caja alargada, envuelta por un papel elegante dónde una pegatina gigantesca rogaba porque le gustase el regalo. Eran las botas. Aquellas que tanto miraba su niñero cuando él se compro las de serpiente. Ese calzado simplón que trajo la nostalgia a esos ojos claros y le hizo pensar lo bien que se vería con ellas cuando fuesen a Inglaterra. |
| Como la pólvora | |
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| John Baker | Jul 24 2012, 03:29 PM Post #10 |
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Para ellos dos el tiempo se detuvo cuando la puerta del baño se abrió. Los ojos verdes le atrapaban como dos esmeraldas brillantes, unas cuentas oculares que hablaban de miedo y vergüenza, un fiel reflejo de ser descubierto en algo íntimo. Sabe que lo sé Pensó con total claridad. Bien, ambos lo sabían y eran conscientes de lo que acababa de pasar. ¿Y ahora qué? Ninguno de los dos parecía ser capaz de dar un paso. Su mente estaba bloqueada, debería moverse, decir algo…Pero en su lugar estaba ahí parado mirándole y señalándole el desayuno. Cuando por fin Madoka se encaminó a la cama, aún mirándole, él parecía percibir cómo las gotas de agua navegaban por al piel en dirección a los pantalones. Los ojos viajaron del desayuno a él y de él al desayuno, comía despacio pero poco a poco parecía recuperar su estado de ánimo habitual. Para su vergüenza no podía pensar en otra cosa que no fuera acercarse a él, tirarle sobre la cama y hacerle gemir su nombre como lo oyera minutos antes pero ahora mirándole a los ojos. Ojala no hubiera existido esa puerta, gritaba una parte dentro de él…Otra agradecía su existencia para controlarse. No puedes dejarte llevar se repitió mentalmente. Controlarse, disimular e intentar bajar la excitación que peligraba la evidencia. Milagrosamente la información de Madoka le dio la excusa perfecta para darse la vuelta en dirección al armario. ¿Qué sería? La noticia le cogía por sorpresa. Siguió sus indicaciones y extrajo un paquete elegantemente envuelto y con un enorme lazo rojo. Rojo pasión, como tú pensó mirándolo con una sonrisa. -¿Qué…?-estuvo a punto de preguntar de qué se trataba pero prefirió abrirlo. Tiró de un extremo del lazo deshaciéndolo, la tela roja se precipitó en suave caída hacia el suelo, apartó la tapa que acabó en el suelo junto al lazo. No fue su intención dejarla caer pero lo que encontró dentro hizo que se le resbalaran de las manos. No puede ser Era imposible. No, no era imposible. Recordaba ese calzado, se detuvo frente a ellos el día que fueron a comprar las botas de serpiente…Cuando los miró se dejó atrapar por la nostalgia, incluso se permitió fantasear con el viaje de Madoka propuso. -Son…-las palabras se le ahogaron en la garganta. Miraba la caja como si en ella estuviera la joya más hermosa. Era la primera vez que alguien tenía un detalle tan sorpresivo con él; más aún, era Madoka quien había tenido ese detalle. Despistado le llamaban, despreocupado, fiestero e irresponsable Que ignorantes eran todos. Tenía entre las manos la muestra de lo pendiente que estaba de él, de cómo sus ojos verdes le vigilaban permanentemente pese a su desconocimientos. Jamás creyó que nadie le viera y mucho menos que supiera interpretar lo que sentía al verlos. Apretó la caja perceptiblemente con las manos haciéndola crujir, la cabeza ligeramente inclinada resguardando los ojos enturbiados tras los cristales de las gafas. No podía mirarle. Si le miraba se vendría abajo. El silencio se alargó más de lo habitual. Era incapaz de girarse, mirarle o darle las gracias. Si lo hacía tiraría por la borda todo el autocontrol. Su corazón palpitaba a toda velocidad. |
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| Madoka Jones | Jul 27 2012, 12:32 PM Post #11 |
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Madoka siguió el viaje del lazo con los ojos, casi escuchó el sonido que hacía contra la madera del suelo. Un murmullo mágico e imperceptible cargado de energía, de sentimientos a punto de estallar. Un aleteo minúsculo, menos incluso que el batir de una mariposa. Empezaba a tomar consciencia de lo muy lleno que estaba el vaso de su paciencia. En cualquier momento se desbordaría y entonces, entonces, haría una estupidez... Ya no importaría si John huía o aceptaba lo que fuese que se había creado entre ellos. Ya no tendría miedo de echar por tierra una bonita amistad o un perfecto “feeling” jefe-empleado. Todo eso quedaría reducido a mierda susceptible de ser baldeada. No alzó la vista hasta que la tapa cayó, rompiendo el instante con un vulgar “plof”. Los ojos del modelo parpadearon, buscando reacciones en el rostro inglés como si fuesen sofisticados escaners. A penas percibió su turbación al otro lado de la caja y las gafas. Sin embargo no necesito verlo para tomar consciencia de lo mucho que acababa de llegar al niñero. Quizá fue un leve e incontrolable temblor de hombros, un movimiento autónomo de su boca perfecta. Fuera lo que fuese gracias a ello le invadió un violento y casi vergonzoso sentimiento de triunfo. -Son las que te gustaban ¿no? -dejo caer entonces, quitando importancia con su tono casual. Acababa de regresar la vista al desayuno y removía lentamente el zumo de naranja mientras intentaba no hacer muy obvia la sonrisa en su boca -. Para cuando te dignes a sacar los pasajes y dejarme ir de vacaciones. Bromear no quitaba hierro al asunto, tan siquiera sonaba demasiado gracioso, sólo era su forma de decirle que quería hacer ese viaje ya. Por más que irse a Londres fuese como lanzarse a un agujero profundo y oscuro dónde, según todos, aguardaban tesoros inciertos pero maravillosos. Sólo quería saltar ya. Su conciencia seguía gritando y gritando por el modo en que siempre se dejaba llevar; pero nunca había sido bueno en hacerle demasiado caso, ni en planear nada, ni en contenerse... ni mucho menos... en dejar de hacer sus deseos realidad. Y actualmente deseaba el condenado inglés por encima de todo. -Estaría bien si nos vamos la semana que viene. El miércoles regresa mi madre de Japón y ya no tenemos que hacer de jefes... y el viernes se acaba la promoción con la marca de moda esa. Podemos salir el fin de semana. He estado ojeando y si consigues pasajes podemos acudir a la fiesta dónde bautizan ese nuevo barco en el que me muero por subir... |
| Como la pólvora | |
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| John Baker | Jul 27 2012, 07:53 PM Post #12 |
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-Sí, lo son-por fin logró hablar, aún no sabía cómo debía sonar su voz ni era consciente de estar hablando, pero las palabras salían por si solas. Un regalo acertadísimo y que le cogía por sorpresa. Agradeció mentalmente que hubiera un desayuno en el que fijarse, y también que la voz de Madoka se escuchara animada con un deje de despreocupación. Eso le permitió relajar los músculos, incluso sonreír girándose por fin. Se encaró con él dedicándole una expresión satisfecha, agradecida y con una diminuta sonrisa en respuesta a su frase-No sabía que todo dependía de mi-fingió estar fascinado por su poder de decisión. Sin embargo no le pasaba desapercibido el final de la frase. Quiere ir, quiere ir Él también deseaba hacer ese viaje; llevaba rondando su cabeza desde hacías días y la fiesta; o más concretamente lo que pasó en ella; no hizo más que aumentar esas ganas. Ambos sabían que ese viaje significaba mucho más que una sencilla ruta de turismo, donde de paso verían a su familia. Aquello era mucho más, alto tan intenso que presionaba el pecho hasta estrujar su corazón, cuando cruzaba los ojos con la mirada esmeralda sentía todo su cuerpo vibrar. La sensación la producía el secreto dicho a voces. ¿Cómo ocultar un deseo que cada día crecía amenazando con llevárselo todo como un tsunami? Cuando pisaran el barco…Todo estaría dicho. Las barreras se tirarían por la borda. -La semana que viene…-meditó unos segundos. Él no necesitaba mucho tiempo para hacer las maletas y Madoka, bueno, Madoka arrasaría con todo aunque tampoco le llevaría demasiado. Entrecerró los ojos, lo ideal sería marcharse unos días antes de que llegara la señora Jones; ella seguramente pondría pegar y les retendrías. Lo mejor sería un factor sorpresa con poco tiempo de reacción, dejando todas las cosas debidamente organizadas claro está. –Está bien, iremos en ese barco que tanto te gusta-aseguró sin un ápice de duda. Si Madoka quería subir en ese trasatlántico él lo conseguiría, aunque tuviera que tirar por la borda al mismísimo capitán. Se agachó tomando la tapa de su regalo y colocándola en su sitio no sin antes lanzar un último vistazo a los zapatos; mirarlos le aceleraba el pulso y llenaba su cabeza de imágenes con posibilidad de realizarse. -Creo que lo ideal sería marchar antes que llegara la señora Jones-lo dijo con un tono de sugerencia. Era raro que John dijera algo así de la cabeza de familia, pero temía que su “repentino viaje” no fuera visto con buenos ojos. En ningún momento se lo había insinuado a la señora Jones en las llamadas telefónicas-Podría renegociar para que terminaran la promoción de marca antes de tiempo…aludiendo una-le miró lánguidamente revisando ese perfil con mechones oro, dejó una pausa sutil antes de decir la palabra-…cita ineludible-aquello era una cita. Aún no se atrevían a desvelar de qué tipo, pero era una cita. Una cita a lo grande tal y como era todo lo relacionado con Madoka. |
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| Madoka Jones | Aug 4 2012, 04:50 PM Post #13 |
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Sin saber muy bien el momento se encontró mirando un punto incierto del horizonte, más allá del desayuno, la maraña de sábanas o la habitación llena de cálida luz... Fueron las palabras del inglés, tramando, quienes obligaron a su mirada a buscar un apoyo invisible, un calmante para el retumbar rabioso de su corazón. Hacía tanto, TANTO, que no se encontraba nervioso hasta el vómito ante una escapada “de amor”, porqué eso era, tal como decía de forma tan comedida su niñero: una cita. Podría haberse lanzado sobre él y desenmascarar el juego, comerle la boca hasta devorar sus auténticos deseos, pero entonces... entonces echaría a perder toda la diversión y el disfrute masoquista que en el fondo tanto amaba. Aunque tuvo que reírse porque aquello no pegaba para nada con John. Apretó los dientes ahogando el sonido victorioso, saboreando despacio el momento. Estaban igual de emocionados ¿no? Eso quería pensar, eso le parecía y por todos los demonios del infierno (cuyas puertas se abrirían nada más se enterase del viaje su madre) ni se plantearía lo contrario. -Lo dejo en tus manos -arqueó las cejas. La sorpresa fue genuina pero mermada por la satisfacción. Una cita ineludible. De pronto una punzada le hizo desear tener un millón más de compromisos laborales. Puro miedo.¿Desde cuando tengo miedo YO de una cita? Oh. Sabía la respuesta. John le gustaba de verdad. Podía morirse si algo salía mal, aunque sonase trillado y vacío. Todo adquiría una dimensión agobiante si trataba de pensar en ello un poquito más a fondo, por eso, siguiendo su tónica habitual dejaría que las cosas ocurriesen. Ya se enfrentarían a los problemas conforme surgieran ¡Y surgirían! En cuanto la vieja se entere le dará vueltas la cabeza Fugaz pasó esa imagen por su mente, aunque resultó menos hilarante de lo esperado y no dejo más que un regusto amargó en la garganta. Sabía porqué pero continuaba negándose a plantearse posibilidades. Cerró los ojos mientras apuraba los últimos sorbos de café y zumo. Estaba lleno. Tenía pocas ganas de levantarse pero si querían adelantar todo el trabajo para el viaje debía ponerse manos a la obra, así que John podía sentirse afortunado una vez más... Era el primero que conseguía hacerle moverse tras una fiesta tan gorda. -Pues manos a la obra. Alguien aquí tiene montones de trabajo que dejar listos antes del fin de semana -sonrió encantador, por su rostro no quedaba marca alguna de tanto desmadre. Movió atrás y adelante los hombros, desperezándose y se dirigió fuera del cuarto -. Venga que te echo una mano... |
| Como la pólvora | |
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| John Baker | Aug 6 2012, 04:35 PM Post #14 |
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Saber que todo quedaba en sus manos le producía alegría, pues era un “sí” rotundo y por otra parte creaba un nudo en su estómago ante lo desconocido. Probablemente todo saldría según lo planeado. Convencer a los de la campaña no sería muy difícil, Madoka era la estrella indiscutible y si había soportado los retrasos de la modelo que acompañaba a Madoka, tendrían que hacer la vista gorda a su capricho. Necesitaban a Madoka en esa campaña, todo el trabajo estaba casi terminado Y por tanto casi todo el dinero de la campaña invertido No se atreverían a perderlo todo sólo por no querer acabar dos o tres días antes de lo previsto; es más, algo le decía que al director de campaña le agradaría saberlo. Era el clásico hombre trajeado y con bigote al que le gustaba terminar las cosas antes para poder evaluarlas sin prisas asegurándose el éxito. Una vez solucionado ese detalle sólo quedará comprar los pasajes y embarcarse rumbo a Inglaterra. Rumbo a casa No viajaría como trabajador o mano derecha de Madoka Jones; sino como John Baker de camino a ver a su familia. Llevándole a él consigo. Se sentía como un muchacho a punto de presentar a su novia ante su familia. ¡Que tontería! Tuvo que carraspear y apartar ligeramente la mirada para aclarar sus ideas. Sonrió de lado mirándole a través de las gafas. Los dos querían aligerar el trabajo lo antes posible-Está bien-sentenció haciéndose a un lado para coger la bandeja en cuanto le vio terminar con el desayuno-Los papeles están en la mesa del comedor-le indicó mirándole a muy poca distancia el uno del otro. Era lo más cerca que había estado de él desde que saliera del baño, podía perderse en aquellos ojos de intensidad incalculable. Pero el deber estaba por encima del placer...Al menos en aquella ocasión. Cuando le vio encaminarse a la puerta no pudo evitar comentar socarrón-Ya estoy disfrutando del viaje-si sus planes eran capaces de sacar un repentino espíritu de hiper responsabilidad en Madoka, bien recibido sería. Evidentemente era una de sus frases bromistas, muy a la inglesa, pero supo por el brillo centelleante y la pequeña sonrisa en los hermosos labios que Madoka, más que nadie en este mundo, le entendía. [ESCENA TERMINADA] |
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